1 Samuel, 17

David y Goliat

(Eclo 47,3-6)

17 1Los filisteos reunieron su ejército para la guerra; se concentraron en Soco de Judá y acamparon entre Soco y Azecá, en Fesdamín. 2Saúl y los israelitas se reunieron y acamparon en el valle de Elá, y formaron para la batalla contra los filisteos. 3Los filisteos tenían sus posiciones en un monte y los israelitas en el otro, con el valle de por medio.

4Del ejército filisteo se adelantó un luchador, llamado Goliat, oriundo de Gat, de casi tres metros de alto. 5Llevaba un casco de bronce en la cabeza, e iba cubierto con una coraza escamada también de bronce que pesaba medio quintal, 6tenía unas canilleras de bronce en las piernas y una jabalina de bronce a la espalda; 7el asta de su lanza era gruesa como el palo de un telar y su punta de hierro pesaba unos seis kilos. Su escudero caminaba delante de él. 8Goliat se detuvo y gritó a las filas de Israel:

–¡No hace falta que salgan formados a luchar! Yo soy el filisteo, ustedes los esclavos de Saúl. Elijan a uno que baje a enfrentarme; 9si es capaz de pelear conmigo y me vence, seremos esclavos de ustedes; pero si yo le puedo y lo derroto, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán.

10Y siguió:

–¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Préstenme un hombre, y lucharemos mano a mano!

11Saúl y los israelitas oyeron el desafío de aquel filisteo y se llenaron de miedo.

12David era hijo de un efrateo de Belén de Judá, llamado Jesé, que tenía ocho hijos, y cuando reinaba Saúl era ya viejo, de edad avanzada; 13sus tres hijos mayores habían ido a la guerra siguiendo a Saúl; se llamaban Eliab el primero, Abinadab el segundo y Samá el tercero. 14David era el más pequeño. Los tres mayores habían seguido a Saúl; 15David iba y venía del frente a Belén, para guardar el rebaño de su padre.

16El filisteo se aproximaba y se plantaba allí mañana y tarde; llevaba ya haciéndolo cuarenta días.

17Jesé dijo a su hijo David:

–Toma esta bolsa de grano tostado y estos diez panes, y llévaselos corriendo a tus hermanos al campamento, 18y estos diez quesos se los entregarás al comandante. Fíjate bien cómo están tus hermanos y trae algo de ellos como prenda. 19Saúl está con ellos y con los soldados de Israel en el valle de Elá, luchando contra los filisteos.

20David madrugó, dejó el rebaño al cuidado de un guardián, cargó las provisiones y se marchó, según el encargo de Jesé. Cuando llegaba al cercado del campamento, el ejercito avanzaba en orden de batalla, lanzando el grito de guerra. 21Israelitas y filisteos formaron frente a frente. 22David dejó su carga al cuidado de los de intendencia, corrió hacia las filas y preguntó a sus hermanos qué tal estaban. 23Mientras hablaba con ellos, un luchador, el filisteo llamado Goliat, oriundo de Gat, subió de las filas del ejército filisteo y empezó a decir las mismas palabras. David lo oyó; los israelitas, 24al ver a aquel hombre huyeron aterrados. 25Uno dijo:

–¿Han visto a ese hombre que sube? ¡Sube a desafiar a Israel! Al que lo derrote, el rey lo colmará de riquezas, le dará su hija y librará de impuestos a la familia de su padre en Israel.

26David preguntó a los que estaban con él:

–¿Qué le darán al que derrote a ese filisteo y salve la honra de Israel? Porque ¿quién es ese filisteo incircunciso para desafiar al ejército del Dios vivo?

27Los soldados le repitieron lo mismo:

–Al que lo derrote le darán este premio.

28Eliab, el hermano mayor, lo oyó hablar con los soldados y se le enojó:

–¿Por qué has venido? ¿A quién dejaste aquellas cuatro ovejas en el desierto? Ya sé que eres un presumido y qué es lo que pretendes: a lo que has venido es a contemplar la batalla.

29David respondió:

–Pero ¿qué hice ahora? ¿O ni siquiera se puede hablar?

30Se volvió hacia otro y preguntó:

–¿Qué es lo que dicen?

Los soldados le respondieron lo mismo que antes.

31Algunos que oyeron las palabras de David fueron y se las contaron a Saúl, que lo mandó llamar.

32David dijo a Saúl:

–Majestad, nadie debe desanimarse por culpa de ese filisteo. Este servidor tuyo irá a luchar con ese filisteo.

33Pero Saúl respondió:

–No podrás acercarte a ese filisteo para luchar con él, porque eres un muchacho, y él es un guerrero desde joven.

34David le replicó:

–Tu servidor es pastor de las ovejas de mi padre, y si viene un león o un oso y se lleva una oveja del rebaño, 35salgo tras él, lo apaleo y se la quito de la boca, y si me ataca, lo agarro por la melena y lo golpeo hasta matarlo. 36Tu servidor ha matado leones y osos; ese filisteo incircunciso será uno más, porque ha desafiado a las huestes del Dios vivo.

37Y añadió:

–El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de ese filisteo.

Entonces Saúl le dijo:

–Ve y que el Señor esté contigo.

38Luego vistió a David con su uniforme, le puso un casco de bronce en la cabeza, lo cubrió con una coraza, 39y le ciñó su espada sobre el uniforme. David intentó en vano caminar, porque no estaba entrenado, y dijo a Saúl:

–Con esto no puedo caminar, porque no estoy entrenado.

Entonces se quitó todo de encima, 40agarró su bastón de pastor, escogió cinco piedras bien lisas del arroyo, se las echó en la bolsa, empuñó la honda y se acercó al filisteo. 41Éste, precedido de su escudero, iba avanzando acercándose a David; 42lo miró de arriba abajo y lo despreció, porque era un muchacho de buen color y guapo, 43y le gritó:

–¿Soy yo un perro para que vengas a mí con un palo?

Luego maldijo a David invocando a sus dioses, 44y le dijo:

–Ven acá, y echaré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo.

45Pero David le contestó:

–Tú vienes hacia mí armado de espada, lanza y jabalina; yo voy hacia ti en nombre del Señor Todopoderoso, Dios de los escuadrones de Israel, a los que has desafiado. 46Hoy te entregará el Señor en mis manos, te venceré, te arrancaré la cabeza de los hombros y echaré tu cadáver y los del campamento filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra, y todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel, 47y todos los aquí reunidos reconocerán que el Señor da la victoria sin necesidad de espadas ni lanzas, porque ésta es una guerra del Señor, y él los entregará en nuestro poder.

48Cuando el filisteo se puso en marcha y se acercaba en dirección de David, éste salió de la formación y corrió velozmente en dirección del filisteo; 49enseguida metió la mano en la bolsa, sacó una piedra y la arrojó con la honda hiriendo al filisteo en la frente: la piedra se le clavó en la frente, y él cayó de cara al suelo.50Así venció David al filisteo, con la honda y una piedra; lo mató de un golpe, sin empuñar espada. 51David corrió y se paró junto al filisteo, le agarró la espada, la desenvainó y lo remató, cortándole la cabeza. Los filisteos, al ver que había muerto su guerrero, huyeron. 52Entonces los soldados de Israel y Judá, de pie, lanzaron el grito de guerra y persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Ecrón; los filisteos cayeron heridos por el camino de Saaraym hasta Gat y Ecrón. 53Los israelitas dejaron de perseguir a los filisteos y se volvieron para saquearles el campamento. 54David agarró la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén, las armas las guardó en su tienda.

55Cuando Saúl vio a David salir al encuentro del filisteo, preguntó a Abner, general del ejército:

–Abner, ¿de quién es hijo ese muchacho?

Abner respondió:

–Por tu vida, majestad, no lo sé.

56El rey le dijo:

–Pregunta de quién es hijo el muchacho.

57Cuando David volvió de matar al filisteo, Abner lo llevó a presentárselo a Saúl, con la cabeza del filisteo en la mano. 58Saúl le preguntó:

–¿De quién eres hijo, muchacho?

David respondió:

–De tu servidor Jesé, el de Belén.

Notas:

17,1-58 David y Goliat. La historia de David y Goliat presenta sus dificultades. Primero, el relato desconoce todo lo precedente, Saúl no conoce todavía a David; segundo, según 2 Sm 21,19, es Eljanán de Belén, uno de los campeones de David, quien mata al filisteo Goliat de Gat; se podría pensar en una victoria de David sobre un soldado filisteo que la tradición ha confundido con otro. Por otra parte, la victoria sobre Goliat se supone en 19,5; 21,10; 22,10.13. A pesar de las dificultades, el autor del libro tenía razón al conservar este capítulo: es una narración clásica. Clásica porque se ha incorporado a la tradición occidental, como una de las páginas favoritas del Antiguo Testamento. Junto a la construcción tenemos que considerar a los personajes. De las dos multitudes presentadas al principio se destacan dos: Goliat y David; lo cual significa que Saúl está relegado a la multitud de Israel, con la que se confunde en el miedo (11). Lo lógico es que Saúl hubiera salido a responder al desafío de Goliat: éste se llama a sí mismo «el filisteo», a Saúl le tocaría ser «el israelita». Retirado en su tienda, deja el protagonismo a David quien se enfrenta a Goliat, representantes de los dos pueblos y ejércitos. Hay otra oposición que recorre todo el relato y es más significativa: el contraste del guerrero y del pastor. La figura pastoril de David es el «leitmotiv» del episodio. El motivo del pastor tiene dos complementos, por un lado, la insistencia de su pequeñez y juventud (14.28. 33.43.55.56); por otro, el apoyo divino. Además, este motivo tiene un cargado valor simbólico. El pastor cuida de sus ovejas, las defiende de las fieras; el rey debería cuidar de su pueblo, defendiéndolo del enemigo; rey/ pastor, pueblo/rebaño, enemigo/fieras. Saúl no es capaz de cumplir su oficio, David lo cumple, mostrando su capacidad de reinar. El pastor asume el cuidado del pueblo y lo defiende del enemigo.