2 Samuel, 6

El Arca transportada a Jerusalén (1 Cr 13,5-14; 15,25-29; Sal 132)

6 1David reunió nuevamente a los soldados escogidos de Israel, que eran treinta mil hombres. 2Con todo su ejército emprendió la marcha a Baalá de Judá, para trasladar de allí el arca de Dios, que lleva la inscripción: Señor Todopoderoso, que tiene su trono sobre querubines. 3Pusieron el arca de Dios en un carro nuevo 4y la sacaron de casa de Abinadab, en Guibeá. Uzá y Ajió, hijos de Abinadab, guiaban el carro con el arca de Dios; Ajió marchaba delante del arca. 5David y los israelitas iban danzando ante el Señor con todo entusiasmo, cantando al son de cítaras y arpas, panderetas, sonajas y platillos. 6Cuando llegaron al lugar llamado la era de Nacón, los bueyes tropezaron y Uzá alargó la mano al arca de Dios para sujetarla. 7El Señor se encolerizó contra Uzá por su atrevimiento, lo hirió y murió allí mismo, junto al arca de Dios. 8David se enfadó porque el Señor había arremetido contra Uzá, y puso a aquel sitio el nombre de Peres Uzá, y así se llama ahora. 9Aquel día David temió al Señor, y dijo:

–¿Cómo va a venir a mi casa el arca del Señor?

10Y no quiso llevar a su casa, a la Ciudad de David, el arca del Señor, sino que la trasladó a casa de Obededom, el de Gat. 11El arca del Señor estuvo tres meses en casa de Obededom, el de Gat, y el Señor bendijo a Obededom y su familia. 12Informaron a David:

–El Señor ha bendecido a la familia de Obededom y toda su hacienda en atención al arca de Dios.

Entonces fue David y llevó el arca de Dios desde la casa de Obededom a la Ciudad de David, haciendo fiesta. 13Cuando los portadores del arca del Señor avanzaron seis pasos, sacrificó un toro y un ternero cebado. 14E iba danzando ante el Señor con todo entusiasmo, vestido sólo con un efod de lino. 15Así iban David y los israelitas llevando el arca del Señor entre vítores y al sonido de las trompetas.

16Cuando el arca del Señor entraba en la Ciudad de David, Mical, hija de Saúl, estaba mirando por la ventana, y al ver al rey David haciendo piruetas y cabriolas delante del Señor lo despreció en su interior. 17Metieron el arca del Señor y la instalaron en su sitio, en el centro de la tienda que David le había preparado. David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión al Señor, 18y cuando terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en el nombre del Señor Todopoderoso; 19luego repartió a todos, hombres y mujeres de la multitud israelita, un bollo de pan, una tajada de carne y un pastel de pasas de uvas a cada uno. Después se marcharon todos, cada cual a su casa.

20David se volvió para bendecir a su casa, y Mical, hija de Saúl, salió a su encuentro y dijo:

–¡Hoy sí que se ha lucido el rey de Israel, desnudándose a la vista de las criadas de sus ministros, como lo haría un bufón cualquiera!

21David le respondió:

–Ante el Señor, que me eligió en lugar de tu padre y de toda tu familia para constituirme jefe de su pueblo, yo bailaré 22y me humillaré todavía más según tu opinión, pero seré honrado por esas mismas esclavas de las que tú hablas.

23Y Mical, hija de Saúl, no tuvo hijos en toda su vida.

Notas:

6,1-23 El Arca transportada a Jerusalén. Para que Jerusalén tenga plena fuerza de unificación, tiene que ser también centro religioso de las tribus. Saúl ha descuidado este aspecto. El Arca estuvo en Siló en tiempos de Elí, fue capturada por los filisteos, y cuando la devolvieron, pasó a Quiriat Yearim. El Arca es el objeto religioso por excelencia, emblema en la guerra y testimonio de la alianza, cuyo documento guarda. David decide trasladarla a su nueva capital y concentrar allí a los principales sacerdotes. David quiso hacer del traslado un acontecimiento religioso nacional, una ocasión para robustecer la conciencia de unidad religiosa, cuyo centro en adelante será Jerusalén –eso no quiere decir que la cifra de participantes sea objetiva–. Un accidente mortal (6s) es interpretado por los asistentes como castigo de Dios, debido a una profanación objetiva. La sacralidad todavía está vista de manera muy concreta, casi material, aunque el autor personaliza el efecto mortífero de lo sacro. Como el hombre no puede ver a Dios sin morir, así el profano no puede tocar impunemente el objeto sagrado; recuérdese la sacralidad de la montaña del Sinaí. La respuesta de David a la ironía de Mical (20-22) contiene un principio importante de espiritualidad: ante Dios y para Dios David siente el ímpetu de jugar o bailar; ocupación poco seria y que puede parecer humillante para un rey, mirada con criterios de soberbia humana; pero David se sabe elegido por el Señor como vasallo suyo, su gloria será festejar al soberano, y la gente sencilla comprenderá el valor del gesto.