Ester 15
Edicto real a favor de los judíos
15 1Copia de la carta:
El emperador Artajerjes a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias, desde la India hasta Etiopía, y a cuantos nos son leales, ¡salud!
2Considerando que muchos, cuantos más beneficios y más honra reciben de sus bienhechores más se ensoberbecen, 3y no sólo intentan maltratar a nuestros súbditos, sino que, no pudiendo dominar su propia arrogancia, conspiran contra sus mismos bienhechores, borran del corazón humano el sentimiento de gratitud y, 4más aún, ensoberbecidos con los aplausos de los malvados piensan escapar a la justicia del Dios que siempre lo ve todo y odia a los malos.
5Considerando que con frecuencia muchos constituidos en autoridad, influidos por los que creían amigos, a quienes confiaron la marcha de sus asuntos, se han visto envueltos en desgracias irreparables y convertidos en cómplices del asesinato de inocentes, porque la maldad de los amigos, 6a base de sofismas engañosos, prevaleció sobre la íntegra nobleza de sentimientos de los gobernantes. 7Basta con mirar no a las anécdotas que se nos cuentan de la antigüedad, sino delante de nuestros mismos ojos: ¡cuántas maldades no se han cometido por esa peste de gobernantes indignos! 8Por lo cual procuraremos que en el futuro todos tengan asegurada la tranquilidad y la paz en el reino, 9efectuando los cambios convenientes y dictaminando siempre con benevolencia y equidad los asuntos que se nos presenten.
10Resultando que Amán, de Hamdatá, macedonio –extranjero tenía que ser, no de nuestra sangre y nuestra hidalguía–, recibido por nosotros como amigo, 11experimentó el trato humano que damos a todos los pueblos, hasta el punto de haber sido proclamado nuestro padre y reverenciado por todos como virrey; 12pero no sabiendo mantenerse en su rango, ha intentado arrebatarnos el poder y la vida, porque con toda clase de engaños 13nos pidió la muerte de Mardoqueo, nuestro salvador y continuo bienhechor, y la de Ester, nuestra intachable compañera en el trono, junto con toda su raza. 14Con estas medidas, él pensaba dejarnos aislados y pasar el poder de manos de los persas a los macedonios.
15Resultando que no hemos comprobado que los judíos, condenados por este criminal al exterminio, sean malhechores; al contrario, se rigen por leyes justísimas 16y son hijos del Altísimo, del gran Dios vivo, que para bien nuestro y el de nuestros antecesores conserva el imperio con un orden excelente.
17Ordenamos que no sea obedecida la carta enviada por Amán, hijo de Hamdatá, 18porque su autor ha sido ahorcado junto a las puertas de Susa, con todos los de su casa. El Señor dominador de todo le ha dado enseguida el castigo que merecía.
19Expondrán en público copias de esta carta y permitirán a los judíos que sigan libremente sus leyes. 20Ayúdenles además a defenderse de quienes los ataquen, ese mismo día trece del mes duodécimo, mes de marzo. 21Porque ese día trágico para el pueblo elegido, el Dios dominador, universal, lo ha convertido en día de alegría.
22Por tanto, ustedes, judíos, celebren con toda solemnidad este día señalado entre sus fiestas solemnes, 23para que ahora y en el futuro sea un recuerdo de salvación para ustedes y los persas de buena voluntad y un recuerdo de destrucción para sus enemigos.
24Toda ciudad o región en general que no actúe conforme a la presente orden será devastada sin piedad a hierro y fuego. Ningún hombre pondrá el pie en ella, y hasta las fieras y las aves la detestarán.
Notas:
15,1-24 Edicto real a favor de los judíos. El autor griego aprovecha el momento para componer otro decreto, semejante en el estilo al primero, al de Amán, de doble extensión, imitando el lenguaje de las cancillerías.
