Salmo -44
44–Lamento por la nación y súplica (79)
2Oh Dios, nuestros oídos oyeron,
nuestros padres nos contaron
la obra que hiciste en sus días,
lo que antiguamente 3hizo tu mano:
Desposeíste a los gentiles
y los plantaste a ellos,
pulverizaste a las naciones,
y los hiciste brotar a ellos.
4No conquistaron la tierra con su espada,
ni su brazo les dio la victoria,
sino tu diestra, tu brazo y la luz de tu rostro,
porque tú los amabas.
5¡Tú eres mi Rey, oh Dios,
mi soberano, el salvador de Jacob!
6Con tu auxilio embestimos al enemigo,
en tu Nombre aplastamos al agresor.
7Porque no confío en mi arco,
mi espada no me da la victoria;
8Tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a cuantos nos odian.
9En Dios nos gloriamos cada día,
y celebramos tu Nombre sin cesar.
10Pero ahora nos rechazas, nos avergüenzas
ya no sales con nuestras tropas.
11Nos haces retroceder ante el enemigo
y los que nos odian nos saquean.
12Nos entregas como ovejas de consumo
y nos dispersas entre los paganos.
13Vendes a tu pueblo por una miseria,
y no te enriqueces con su importe.
14Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
burla e irrisión de los circundantes.
15Nos haces el refrán de los paganos,
el hazmerreír de las naciones.
16Tengo siempre delante mi deshonra,
la vergüenza me cubre la cara,
17al oír insultos e injurias,
al ver al enemigo agresivo.
18Todo esto nos sucede sin haberte olvidado,
ni haber violado tu alianza;
19sin que retrocediera nuestro corazón,
ni se desviaran de tu senda nuestros pasos.
20Mas tú nos trituraste
en la guarida de los chacales,
y nos cubriste de sombras mortales.
21Si hubiéramos olvidado
el Nombre de nuestro Dios
y levantado las manos a un dios extraño,
22¿no lo habría descubierto Dios,
que penetra los secretos del corazón?
23Por tu causa nos matan cada día,
nos tratan como a ovejas de matadero.
24¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes?
¡Espabílate! ¡No nos rechaces para siempre!
25¿Por qué nos ocultas tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y opresión?
26Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está pegado a la tierra.
27¡Levántate, ven a socorrernos,
rescátanos, por tu misericordia!
Notas:
El pasado ha sido glorioso (2-9). El presente es calamitoso (10-23). El futuro puede ser espléndido (24-27). Diez versos recuerdan los beneficios del pasado: cinco de ellos refieren experiencias remotas (2-4) y otros cinco mencionan experiencias próximas (5-9). La posesión de la tierra es obra de Dios, «porque tú los amabas» (4b). También las derrotas actuales son acción de Dios (10-17). Dios actúa, pero no ayudándonos, sino rechazándonos y entregándonos en manos del enemigo, que nos ha convertido en manjar para sus mesas. Y Dios no se ha beneficiado en nada con nuestra entrega. Somos nosotros quienes pagamos el precio: escarnio, refrán, hazmerreír, vergüenza, burlas, afrenta... ¿Por qué este cambio? Cuanto ahora sufrimos es «por tu causa», no por nuestra culpa (18-23). Por el hecho de creer en Él somos conducidos al matadero. El dolor teológico o espiritual es más insoportable que el físico o político. Sin embargo, la fe, siempre grandiosa, no duda: Dios puede despertarse y espabilarse, levantarse y ayudar, alzar de la humillación y mostrar su rostro, en vez de ocultarlo. Si así lo hizo con los antepasados, ¿por qué no ha de hacerlo también ahora? Es lo que impone la lógica del amor: «¡Rescátanos por tu misericordia!» (27b). El versículo 23 ha impresionado a Pablo (cfr. Rom 8,36). Podemos orar con este salmo, escuchando en él todo el dolor de la Iglesia, todo el dolor de nuestros hermanos que son tratados como oveja de matadero. Pero existe un Redentor que nos rescatará.
