Salmo -15
15–Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? (24; Is 33,14-16)
1Señor, ¿quién se hospedará en tu tienda?,
¿quién habitará en tu monte santo?
2–El que procede honradamente
y practica la rectitud;
3el que dice de corazón la verdad
y no calumnia con su lengua;
no hace mal al prójimo
ni difama a su vecino;
4el que mira con desprecio al réprobo
y honra a los que respetan al Señor;
el que no se retracta
aun jurando en su perjuicio;
5no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que obra así nunca fallará.
Notas:
Más allá de la imagen del Templo, el creyente anhela estar con Dios, ser con Dios. Quien abriga este vehemente deseo, formulado en pregunta (1), ha de ser honrado, recto y sincero (2s). Son tres actitudes generales. Las tres condiciones siguientes (3b) se relacionan con el comportamiento hacia el prójimo. El que desea estar con Dios ha de ser partidario de los amigos de Dios; estar en contra de los enemigos de Dios –han sido reprobados por Él–; y respetar el juramento, que consagra la acción prometida (4). Son tres acciones en las que se aúnan Dios y el prójimo. Dos acciones más, tienen un alcance económico-jurídico (5). Un conjunto de once o de diez mandamientos, según se relacionen el primero con el segundo, dan a quien los cumple una estabilidad semejante a la que tiene la creación: «nunca fallará» o, «no vacilará», porque se fundamenta en Dios. Nosotros nos hemos «acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo» (Heb 12,22). La observancia de los mandamientos sin el perfume del amor es mero cumplimiento.
