1 Reyes, 17
CICLO DE ELÍAS
Aquí comienza el ciclo de los profetas. Aunque los reyes y su reinado dan el cuadro de los acontecimientos, se diría que las figuras de los profetas orientan la elección del material narrativo. Y es como si la presencia de los profetas tuviera la virtud de engrandecer la personalidad de los monarcas.
El ciclo de Elías. Después de la introducción sobre el reinado de Ajab, irrumpe Elías para asumir el papel de protagonista en los tres capítulos siguientes (17–19). Deja el escenario a otros profetas en el capítulo 20 y reaparece para enfrentarse con Ajab; cede el puesto al profeta Miqueas y vuelve a aparecer para enfrentarse con el nuevo rey; desaparece definitivamente después de nombrar su sucesor. Este aparecer y desaparecer súbito es dato constitutivo de su figura.
La primera aparición (capítulos 17–19) forma una unidad coherente, construida con habilidad y movida lógicamente: aparece primero como portador de la sequía, después como portador de la lluvia; perseguido, huye al monte Horeb. Cada capítulo tiene su construcción propia. En su segunda aparición, Elías denuncia el crimen de Ajab; en la tercera, denuncia la infidelidad de Ocozías.
En estos capítulos revive el estilo narrativo de los grandes relatos del libro de Samuel; como si la figura del profeta hubiera inspirado a los narradores. Gran parte del material aquí recogido se remonta, sin duda, al tiempo del profeta o de sus discípulos; aún la redacción parece ser antigua, salvo retoques del comentario deuteronomista.
Elías: la sequía (Jr 14)
17 1Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab:
–¡Por la vida del Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando.
2Luego el Señor le dirigió la palabra:
3–Vete de aquí hacia el Oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. 4Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida.
5Elías hizo lo que le mandó el Señor y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. 6Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente. 7Pero al cabo del tiempo el torrente se secó, porque no había llovido en la región. 8Entonces el Señor dirigió la palabra a Elías:
9–Levántate y vete a Sarepta de Fenicia a vivir allí; yo mandaré a una viuda que te dé la comida.
10Elías se puso en camino hacia Sarepta, y al llegar a la entrada del pueblo encontró allí a una viuda recogiendo leña. La llamó y le dijo:
–Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para beber.
11Mientras iba a buscarla, Elías le gritó:
–Por favor, tráeme en la mano un trozo de pan.
12Ella respondió:
–¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan; sólo me queda un puñado de harina en el jarro y un poco de aceite en la aceitera. Ya ves, estaba recogiendo cuatro astillas: voy a hacer un pan para mí y mi hijo, nos lo comeremos y luego moriremos.
13Elías le dijo:
–No temas. Ve a hacer lo que dices, pero primero prepárame a mí un panecillo y tráemelo; para ti y tu hijo lo harás después. 14Porque así dice el Señor, Dios de Israel: El cántaro de harina no se vaciará, la aceitera de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra.
15Ella marchó a hacer lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo durante mucho tiempo. 16El cántaro de harina no se vació ni la aceitera se agotó, como lo había dicho el Señor por Elías.
17Más tarde cayó enfermo el hijo de la dueña de la casa; la enfermedad fue tan grave, que murió. 18Entonces la mujer dijo a Elías:
–¡No quiero nada contigo, profeta! ¿Has venido a mi casa a recordar mis culpas y matarme a mi hijo?
19Elías respondió:
–Dame a tu hijo.
Y tomándolo de su regazo, se lo llevó a la habitación de arriba, donde él dormía, y lo acostó en la cama. 20Después clamó al Señor:
–Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda en su casa la vas a castigar haciéndole morir al hijo?
21Luego se echó tres veces sobre el niño, clamando al Señor:
–¡Señor, Dios mío, que la vida vuelva a este niño!
22El Señor escuchó la súplica de Elías, volvió la vida al niño y resucitó. 23Elías tomó al niño, lo bajó de la habitación y se lo entregó a la madre, diciéndole:
–Aquí tienes a tu hijo vivo.
24La mujer dijo a Elías:
–¡Ahora reconozco que eres un profeta y que la Palabra del Señor que tú pronuncias se cumple!
