1 Reyes, 3

Visión de Salomón (2 Cr 1,7-12; Sab 9)

3 1Salomón emparentó con el Faraón de Egipto, casándose con una hija suya. La llevó a la Ciudad de David mientras terminaban las obras del palacio, del templo y de la muralla en torno a Jerusalén.

2La gente seguía sacrificando en los lugares altos de culto pagano, porque todavía no se había construido el templo en honor del Señor, 3y aunque Salomón amaba al Señor, procediendo según las normas de su padre, David, sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.

4El rey fue a Gabaón a ofrecer allí sacrificios, porque allí estaba el santuario principal. En aquel altar ofreció Salomón mil holocaustos. 5En Gabaón el Señor se apareció aquella noche en sueños a Salomón, y le dijo:

–Pídeme lo que quieras.

6Salomón respondió:

–Tú le hiciste una gran promesa a tu siervo, mi padre, David, porque procedió de acuerdo contigo, con lealtad, justicia y rectitud de corazón, y le has cumplido esa gran promesa dándole un hijo que se siente en su trono: es lo que sucede hoy. 7Y ahora, Señor, Dios mío, tú has hecho a tu siervo sucesor de mi padre, David; pero yo soy un muchacho que no sé valerme. 8Tu siervo está en medio del pueblo que elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. 9Enséñame a escuchar para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal; si no, ¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan grande?

10Al Señor le pareció bien que Salomón pidiera aquello, 11y le dijo:

–Por haber pedido esto, y no haber pedido una vida larga, ni haber pedido riquezas, ni haber pedido la vida de tus enemigos, sino inteligencia para acertar en el gobierno, 12te daré lo que has pedido: una mente sabia y prudente, como no la hubo antes ni la habrá después de ti. 13Y te daré también lo que no has pedido: riquezas y fama mayores que las de rey alguno. 14Y si caminas por mis sendas, guardando mis preceptos y mandatos, como hizo tu padre, David, te daré larga vida.

15Salomón despertó: había tenido un sueño. Entonces fue a Jerusalén, y de pie ante el arca de la alianza del Señor ofreció holocaustos y sacrificios de comunión y dio un banquete a toda la corte.

El juicio de Salomón

16Por entonces acudieron al rey dos prostitutas; se presentaron ante él 17y una de ellas dijo:

–Majestad, esta mujer y yo vivíamos en la misma casa; yo di a luz estando ella en la casa. 18Y tres días después también esta mujer dio a luz. Estábamos juntas en casa, no había ningún extraño con nosotras, sólo nosotras dos. 19Una noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se recostó sobre él; 20se levantó de noche y, mientras tu servidora dormía, tomó de mi lado a mi hijo y lo acostó junto a ella, y a su hijo muerto lo puso junto a mí. 21Yo me incorporé por la mañana para dar el pecho a mi niño, y resulta que estaba muerto; me fijé bien y vi que no era el niño que yo había dado a luz.

22Pero la otra mujer replicó:

–No. Mi hijo es el que está vivo, el tuyo es el muerto.

Y así discutían ante el rey.

23Entonces habló el rey:

–Ésta dice: Mi hijo es éste, el que está vivo; el tuyo es el muerto. Y esta otra dice: No, tu hijo es el muerto, el mío es el que está vivo.

24Y ordenó:

–Denme una espada.

Le presentaron la espada, 25y dijo:

–Partan en dos al niño vivo; denle una mitad a una y otra mitad a la otra.

26Entonces a la madre del niño vivo se le conmovieron las entrañas por su hijo y suplicó:

–¡Majestad, dale a ella el niño vivo, no lo mates!

Mientras que la otra decía:

–Ni para ti ni para mí. Que lo dividan.

27Entonces el rey sentenció:

–Denle a ésa el niño vivo, no lo maten. ¡Ésa es su madre!

28Todo Israel se enteró de la sentencia que había pronunciado el rey, y respetaron al rey, viendo que poseía una sabiduría sobrehumana para administrar justicia.

Notas:

3,1-15 Visión de Salomón. El biógrafo destaca en Salomón tres facetas: sabio (capítulos 3–5), constructor (capítulos 6–9), rico (capítulo 10). De las tres, la que se lleva la preeminencia es la sabiduría: «Dios concedió a Salomón una sabiduría e inteligencia extraordinarias y una mente abierta como las playas junto al mar. La sabiduría de Salomón superó a la de los sabios de Oriente y de Egipto» (5,9s). La sabiduría de Salomón abarca todos los campos. Nuestro texto subraya su sabiduría como gobernante. Como prueba aduce el que ha venido a llamarse «juicio de Salomón» (3,16-28). La sabiduría de Salomón como gobernante se puso de manifiesto también en la reorganización administrativa interna del reino y en la planificación de la política exterior. La sabiduría de Salomón se extendió asimismo a las letras y a las artes. Lo que el texto acentúa con más fuerza es que toda esta sabiduría es un don de Dios. Le ha sido otorgada en el marco del santuario de Gabaón, como fruto de la oración, acompañada de sacrificios. La mejor prueba de la sabiduría del rey de Jerusalén es su misma oración. Es una oración sabia e inteligente; por eso agradó al Señor. Salomón no se dejo llevar del egoísmo en su plegaria sino que pidió a Dios buen criterio para juzgar, para saber discernir entre el bien y el mal: en una palabra, pidió acierto en el arte de gobernar. La respuesta de Dios habla de la largueza con que el Señor otorga sus bienes. Podríamos evocar a este propósito la «medida buena, apretada, sacudida y colmada» de que habla el Evangelio (Lc 6,38). Juntamente con la sabiduría Dios otorgó a Salomón inmensas riquezas: «El rey Salomón sobrepujó a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduria» (cfr. 10,14-29). 3,16-28 El juicio de Salomón. El arte de gobernar se realizaba en gran parte en el arte de juzgar (16-28). Un ejemplo de ello es la presente narración, contada con cierto gusto popular, con viveza de detalles, sin temor a repeticiones. Se supone que las dos rameras no se van a esmerar en la veracidad, y la sagacidad del juez se revelará en descubrir quién de las dos dice la verdad. El juez auténtico conoce el corazón, que se encubre con falsas palabras y se descubre y traiciona ante los hechos (cfr. Prov 25,2).