1 Reyes, 5

Riqueza y sabiduría (2 Cr 2,3-16)

5 1Salomón tenía poder sobre todos los reinos, desde el Éufrates hasta la región filistea y la frontera de Egipto. Mientras vivió le pagaron tributo y fueron sus vasallos.

2Los víveres que recibía diariamente eran treinta barriles de harina de la mejor calidad, sesenta de harina común, 3diez bueyes cebados, veinte toros y cien ovejas, aparte de los ciervos, gacelas, corzos y las aves de corral. 4Porque su poder se extendía al otro lado del Éufrates, desde Tapsaco hasta Gaza, sobre todos los reyes del otro lado del río, y había paz en todas sus fronteras. 5Mientras vivió Salomón, Judá e Israel vivieron tranquilos, cada cual bajo su parra y su higuera, desde Dan hasta Berseba.

6Salomón tenía establos para cuatro mil caballos de tiro y doce mil de montar. 7Los gobernadores mencionados, cada uno en el mes que le correspondía, abastecían al rey Salomón y a los que eran recibidos en su mesa, sin dejar faltar nada. 8También suministraban cebada y paja para los caballos de los carros y de montar, cada gobernador desde su puesto, cuando le tocaba.

9Dios concedió a Salomón una sabiduría e inteligencia extraordinarias y una mente abierta como las playas junto al mar. 10La sabiduría de Salomón superó a la de los sabios de Oriente y de Egipto. 11Fue más sabio que ninguno, más que Etán, el ezrajita, más que los rapsodas Hemán, Calcol y Dardá, hijos de Majol. Y se hizo famoso en todos los países vecinos. 12Compuso tres mil proverbios y mil cinco canciones. 13Disertó sobre botánica, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que crece en la pared. Disertó también sobre cuadrúpedos y aves, reptiles y peces. 14De todas las naciones venían a escuchar al sabio Salomón, de todos los reinos del mundo que oían hablar de su sabiduría.

Alianza con Jirán de Tiro (2 Cr 2,3-16)

15Cuando Jirán, rey de Tiro, se enteró de que Salomón había sucedido a su padre en el trono, le mandó una embajada, porque Jirán había sido siempre aliado de David. 16Salomón le contestó:

17–Tú sabes que mi padre, David, no pudo construir un templo en honor del Señor, su Dios, debido a las guerras en que se vio envuelto, mientras el Señor iba poniendo a sus enemigos bajo sus pies. 18Ahora el Señor, mi Dios, me ha dado paz en todo el territorio: no tengo adversarios ni problemas graves. 19He pensado construir un templo en honor del Señor, mi Dios, como dijo el Señor a mi padre, David: Tu hijo, al que haré sucesor tuyo en el trono, será quien construya un templo en mi honor. 20Ahora, manda que me corten cedros del Líbano. Mis esclavos irán con los tuyos; te pagaré el jornal que determines para tus esclavos, ya sabes que nosotros no tenemos taladores tan expertos como los fenicios.

21Al oír Jirán la petición de Salomón se llenó de alegría, y exclamó:

–¡Bendito sea hoy el Señor, que ha dado a David un hijo sabio al frente de tan gran nación!

22Luego despachó esta respuesta para Salomón:

–He oído tu petición. Cumpliré tus deseos, enviando madera de cedro y de abeto; 23mis esclavos bajarán los troncos del Líbano al mar; los remolcarán por mar en balsas, hasta donde tú nos digas, allí desharemos las balsas y tú los subes. Por tu parte, cumple mis deseos abasteciendo mi palacio.

24Jirán dio a Salomón toda la madera de cedro y de abeto que él necesitó, 25y Salomón dio a Jirán veinte mil barriles de trigo para la manutención de su palacio, más veinte mil cántaros de aceite virgen. Era lo que Salomón mandaba a Jirán anualmente. 26El Señor, según su promesa, concedió sabiduría a Salomón. Jirán y Salomón firmaron un tratado de paz.

27El rey Salomón reclutó trabajadores en todo Israel: salieron treinta mil hombres. 28Los mandó al Líbano por turnos, diez mil cada mes: un mes en el Líbano y dos en casa. Adonirán estaba al frente de los trabajadores. 29Salomón tenía también setenta mil cargadores y ochenta mil canteros en la montaña, 30aparte de los capataces de las obras, en número de tres mil trescientos, que mandaban a los obreros. 31El rey ordenó extraer grandes bloques de piedra de calidad para hacer los cimientos del templo con piedras talladas. 32Los obreros de Salomón, los de Jirán y los de Biblos labraban la piedra y preparaban la madera y la piedra para construir el templo.

Notas:

5,1-14 Riqueza y sabiduría. En dos series, estos versos exaltan las riquezas y sabiduría extraordinaria del rey Salomón. El orden de los versos es algo anormal, y la version griega ofrece el siguiente orden: 7-8.2-4.9-14 (omite 5-6). En la primera serie (1-8) nos llama la atención un contraste: la paz exterior e interior que permite a los ciudadanos una vida sencilla y apacible y por otra el fasto real alimentado de tributos externos e internos. El narrador no parece sentir el contraste, antes bien se goza enumerando. Puede reflejar una primera impresión de orgullo en el pueblo al conocer la riqueza y prestigio de su rey, «más que los demás»; pero este sentimiento cambiará pronto. Es verdad que bajo Salomón subió el nivel de vida en Israel, pero también comenzaron de modo alarmante diferencias sociales irritantes. La sección de los versículos 9-14 obedece al deseo de acumular aspectos de cultivo de la sabiduría. Importa menos que algunos datos sean pura leyenda o estén teñidos de tonos legendarios; difícilmente se puede negar que con Salomón comienza oficialmente en Israel una nueva corriente intelectual, que va a convivir con la profética, completando con su humanismo la revelación. Salomón no inventó esta sabiduría: era patrimonio universal siglos antes de que existiera la monarquía israelita (Egipto y Mesopotamia, por ejemplo). Bajo Salomón comienza a circular en Israel una corriente de intercambios culturales. La misma tradición que ha hecho a David el iniciador del canto litúrgico, hace ahora a Salomón padre espiritual de gran parte de la literatura sapiencial. 5,15-32 Alianza con Jirán de Tiro. Esta sección coloca los preparativos para edificar el templo en el contexto de la política y comercio internacionaies; o bien, subordina éstos a la gran tarea de construir el templo. Los fenicios o sidonios fueron un pueblo pacífico y comerciante, más ciudadano del mar que de la tierra firme, con un territorio rico en árboles y pobre en sembrados. Para su comercio era muy útil contar con un estado firme y poderoso en Palestina; por eso el rey de Tiro se entiende bien con el rey David y procura renovar la amistad con el sucesor. Según la teología oficial, la construcción del templo depende totalmente de la aprobación de Dios. Más aún, se decía en Babilonia y lo recoge la Biblia (cfr. Éx 25,40), que Dios mismo revela el modelo, imagen de la estructura celeste. Aquí el narrador se contenta con una referencia a 2 Sm 7. La carta de Salomón, tal como la presenta el autor (17-20), es una bella lección de teología para justificar la compra de madera de cedro. Es verdad que aquella madera fue apreciadísima en la antigüedad: hasta los reyes de Mesopotamia viajaban para robarla o comprarla; los gigantescos cedros, más viejos que muchas generaciones humanas, se podían considerar como plantados por Dios mismo (cfr. Sal 104,16). A la lectura de la carta reacciona Jirán (21-23) con una bien ensayada acción de gracias al Dios de Israel, en la que entra una solícita alabanza del rey Salomón y de su pueblo. El narrador se complace en este homenaje extranjero.