2 Crónicas, 26

Azarías (Ozías) de Judá (767-739) (2 Re 14,21s; 15,1-7)

26 1Entonces Judá en pleno tomó a Ozías, de dieciséis años, y lo nombraron rey sucesor de su padre, Amasías. 2Después que murió el rey, reconstruyó Elot, y la devolvió a Judá. 3Ozías tenía dieciséis años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén cincuenta y dos años. Su madre se llamaba Yecolía, natural de Jerusalén. 4Hizo lo que el Señor aprueba, igual que su padre, Amasías. 5Sirvió al Señor mientras vivió Zacarías, que lo había educado en el temor de Dios; y mientras sirvió al Señor, Dios lo hizo triunfar.

6Salió a luchar contra los filisteos, derribó las murallas de Gat, Yabné y Asdod, y construyó ciudades en Asdod y en territorio filisteo. 7Dios lo ayudó en la guerra contra los filisteos, los árabes que habitaban en Gur-Baal y los meunitas. 8Los amonitas pagaron tributo a Ozías, y llegó a ser tan poderoso que su fama se extendió hasta la frontera de Egipto.

9En Jerusalén Ozías construyó y fortificó torres en la Puerta del Ángulo, en la Puerta del Valle y en la Esquina. 10También levantó torres en el desierto y cavó muchos pozos para el abundante ganado que poseía en la llanura y la meseta; también tenía labradores y viñadores en los montes y las huertas, porque a Ozías le gustaba el campo.

11Dispuso de un ejército en pie de guerra agrupado en escuadrones según el censo efectuado por el secretario Yeguiel y el comisario Maseyas por orden de Ananías, funcionario real. 12El número de los jefes de familia al frente de soldados era dos mil seiscientos. 13Tenían a sus órdenes un ejército de trescientos siete mil quinientos guerreros intrépidos, que luchaban contra los enemigos del rey. 14Ozías equipó a toda la tropa con escudos, lanzas, cascos, corazas, arcos y hondas. 15Hizo unos artefactos inventados por un ingeniero que lanzaban flechas y pedruscos; los colocó en las torres y en los ángulos de Jerusalén. Con la ayuda prodigiosa de Dios se hizo fuerte y su fama llegó hasta muy lejos. 16Pero al hacerse poderoso, la soberbia lo arrastró a la perdición. Se rebeló contra el Señor, su Dios, entrando en el templo para quemar incienso en el altar de los perfumes. 17El sacerdote Azarías y ochenta valientes sacerdotes fueron tras él, 18se plantaron ante el rey Ozías y le dijeron:

–Ozías, a ti no te corresponde quemar incienso al Señor. Sólo pueden hacerlo los sacerdotes aaronitas consagrados para ello. ¡Sal del santuario, que tu pecado no te honra ante el Señor!

19Ozías, que tenía el incensario en la mano, se indignó con los sacerdotes. Y en el mismo momento, en el templo, ante los sacerdotes, junto al altar de los perfumes, la lepra brotó en su frente. 20El sumo sacerdote, Azarías, y los otros sacerdotes se quedaron mirándolo y vieron que tenía lepra en la frente. Lo echaron de allí, mientras él mismo se apresuraba a salir, herido por el Señor.

21El rey Ozías siguió leproso hasta el día de su muerte. Vivió en la leprosería, con prohibición de acudir al templo. Su hijo Yotán se encargó de la corte y de juzgar a la población.

22Para más datos sobre Ozías, desde el principio hasta el fin de su reinado, véase el libro del profeta Isaías, hijo de Amós. 23Cuando murió lo enterraron con sus antepasados en el campo del cementerio real, considerando que era un leproso. Su hijo Yotán le sucedió en el trono.

Notas:

26,1-23 Azarías (Ozías) de Judá. El Cronista elabora y amplía 2 Re 14,21s; 15,1-7 desde su esquema de dos fases: al principio tenemos un rey piadoso y próspero (1-15), después un rey sacrílego y herido por Dios (16-23). El punto de quiebra lo constituye el versículo 16 donde el pecado de Ozías consiste en haberse arrogado pretensiones sacerdotales, quemando incienso en el Templo. El castigo de la lepra lo hacía impuro y le impedía la entrada al santuario (Lv 13,45).