2 Crónicas, 28

Acaz de Judá (734-727) (2 Re 16,1-20)

28 1Cuando subió al trono Acaz tenía veinte años y reinó en Jerusalén dieciséis años. No hizo, como su antepasado David, lo que el Señor aprueba. 2Imitó a los reyes de Israel, haciendo estatuas a los baales. 3Quemaba incienso en el valle de Ben-Hinón e incluso sacrificó a su hijo en la hoguera, según la costumbre aborrecible de las naciones que el Señor había expulsado ante los israelitas. 4Sacrificaba y quemaba incienso en los santuarios paganos, en las colinas y bajo los árboles frondosos. 5El Señor, su Dios, lo entregó en manos del rey sirio, que lo derrotó, capturó numerosos prisioneros y los llevó a Damasco. También lo entregó en manos del rey de Israel, que le causó una gran derrota.

6Pécaj, hijo de Romelías, mató en un solo día a ciento veinte mil judíos, todos aguerridos, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres. 7Y Zicrí, un soldado de Efraín, mató a Maseyas, hijo del rey, a Azricán, mayordomo de palacio, y al primer ministro, Elcaná. 8Entre mujeres, hijos e hijas, los israelitas tomaron a sus hermanos doscientos mil prisioneros; se apoderaron también de un gran botín y lo llevaron a Samaría.

9Había allí un profeta del Señor llamado Oded. Cuando el ejército volvía a Samaría, salió a su encuentro y les dijo:

–El Señor, Dios de sus padres, indignado con Judá lo puso en sus manos. Pero ustedes los han masacrado con una furia tal que clama al cielo. 10Y encima se proponen convertir a los habitantes de Judá y Jerusalén en esclavos y esclavas de ustedes. ¿No han pecado ya bastante contra el Señor, su Dios? 11Háganme caso y devuelvan a sus hermanos a quienes han tomado prisioneros, porque los amenaza la ira ardiente del Señor.

12Algunos jefes efraimitas –Azarías, hijo de Juan; Berequías, hijo de Mesilemot; Ezequías, hijo de Salún, y Amasá, hijo de Jadlay– se pusieron también en contra del ejército que volvía 13y les dijeron:

–No metan aquí a esos prisioneros, porque nos haríamos culpables delante del Señor. Ya bastante hemos pecado para que se dediquen a aumentar nuestras faltas y culpas, irritando al Señor contra Israel.

14Entonces los soldados dejaron los prisioneros y el botín a disposición de las autoridades y de la comunidad. 15Designaron expresamente a algunos para que se hiciesen cargo de los cautivos. A los que estaban desnudos los vistieron con trajes y sandalias del botín; luego les dieron de comer y beber, los ungieron, montaron en burros a los que no podían caminar y los llevaron a Jericó, la ciudad de las palmeras, con sus hermanos. A continuación se volvieron a Samaría.

16Por entonces, el rey Acaz envió una embajada al rey de Asiria para pedirle ayuda. 17Porque los idumeos habían hecho una nueva incursión, derrotando a Judá y haciendo prisioneros; 18los filisteos saquearon las ciudades de la Sefela y del Negueb de Judá, apoderándose de Bet-Semes, Ayalón, Guederot, Socó y su región, Timná y su región, Gimzó y su región, y se establecieron en ellas. 19El Señor humillaba a Judá por culpa de Acaz, que había traído el desenfreno a Judá y se mostraba rebelde al Señor. 20Pero Tiglat Piléser, rey de Asiria, en vez de ayudarlo, marchó contra él y lo sitió. 21Y aunque Acaz despojó el templo, el palacio y las casas de las autoridades para ganarse al rey de Asiria, no le sirvió de nada. 22Incluso durante el asedio siguió rebelándose contra el Señor. 23Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco, que lo habían derrotado, pensando: Los dioses de Siria sí que ayudan a sus reyes. Les ofreceré sacrificios para que me ayuden a mí. Pero fueron su ruina y la de Israel.

24Acaz reunió los objetos del templo y los hizo pedazos; cerró las puertas del templo, construyó altares en todos los rincones de Jerusalén 25y levantó santuarios paganos en todas las ciudades de Judá para quemar incienso a dioses extraños, irritando al Señor, Dios de sus padres.

26Para sus restantes actividades y empresas, del principio al fin de su reinado, véase el libro de los reyes de Judá e Israel. 27Cuando Acaz murió no lo llevaron al panteón real de Judá, sino que lo enterraron en la ciudad, en Jerusalén. Su hijo Ezequías le sucedió en el trono.

Notas:

28,1-27 Acaz de Judá. El autor acumula datos negativos sobre el reinado de Acaz, preparando por contraste el reinado de Ezequías. Utiliza 2 Re 16,1-20 e Is 7s. Históricamente son tiempos difíciles tanto para Judá como para Israel. Judá está sitiada, idumeos por el sur (17), filisteos por el oeste (18), y por el norte surge un enemigo formidable, el reino hermano de Israel (7), aliado y protegido por Siria (6). Acaz pide auxilio a la nueva potencia de la época, Asiria (16). Esta convocación funesta acarrea daños religiosos y económicos. La impiedad llega a tal extremo que el Templo es cerrado (24), o tal vez, se cancela el culto diario (29,7). El gesto de perdón que Israel realiza a favor de su hermano Judá gracias a las palabras del profeta Oded (9-15) expresan que aquellos que han sido liberados de la esclavitud de Egipto, no pueden ser esclavos. El homenaje que rinde el autor a los israelitas en vísperas de su catástrofe nacional es impresionante. Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo, liberar al cautivo, cuidar del enfermo. Obras de misericordia prestadas al enemigo, al hermano vencido (cf. Lc 10,29-37).