Ester 13
Oración de Mardoqueo
13 1Y oró así, recordando todas las hazañas del Señor.
2–Señor, Señor, rey y dueño de todo, porque todo está bajo tu poder y no hay quien se oponga a tu voluntad de salvar a Israel. 3Tú creaste el cielo y la tierra y todas las maravillas que hay bajo el cielo, y eres Señor de todo; 4ni hay, Señor, quien se te pueda oponer. 5Tú lo sabes todo. Si yo me niego a postrarme ante ese soberbio Amán, tú sabes bien, Señor, que no lo hago por arrogancia, orgullo o vanidad; 6que por salvar a Israel, de buena gana le besaría yo la planta del pie. 7Si me he negado a hacerlo es porque para mí Dios está por encima de cualquier hombre. Yo no me postro ante nadie si no es ante ti, Señor mío; no lo hago por orgullo. 8Ahora, Señor, Dios rey, Dios de Abrahán, perdona a tu pueblo; porque traman nuestra muerte, han deseado aniquilar tu antigua herencia. 9No desprecies la porción que te rescataste del país de Egipto; 10escucha mi súplica, apiádate de tu herencia, cambia nuestro duelo en fiesta, para que vivamos celebrando tu nombre, Señor. No hagas enmudecer la boca de los que te alaban.
11Ante la muerte inminente, todos los israelitas gritaban a Dios con todas sus fuerzas.
Oración de Ester
12La reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor. 13Se despojó de sus ropas lujosas y se vistió de luto; en vez de perfumes refinados, se cubrió la cabeza de ceniza y basura, y se desfiguró por completo, cubriendo con sus cabellos revueltos aquel cuerpo que antes se complacía en adornar. 14Luego rezó así al Señor, Dios de Israel:
Señor mío, único rey nuestro.
Protégeme, que estoy sola
y no tengo otro defensor fuera de ti,
15porque yo misma
me he expuesto al peligro.
16Desde mi infancia oí,
en el seno de mi familia,
cómo tú, Señor, escogiste
a Israel entre las naciones,
a nuestros padres
entre todos sus antepasados
para ser tu herencia perpetua,
y les cumpliste
lo que habías prometido.
17Nosotros hemos pecado contra ti
dando culto a otros dioses;
18por eso nos entregaste a
nuestros enemigos.
¡Eres justo, Señor!
19Y no les basta
nuestro amargo cautiverio,
sino que se han comprometido
con sus ídolos,
20jurando invalidar el pacto
salido de tus labios,
haciendo desaparecer tu herencia
y enmudecer a los que te alaban,
extinguiendo tu altar
y la gloria de tu templo
21y abriendo los labios de los gentiles
para que den gloria a sus ídolos
y veneren eternamente
a un rey de carne.
22No entregues, Señor, tu cetro
a los que no son nada.
Que no se burlen de nuestra caída.
Vuelve contra ellos sus planes,
que sirva de escarmiento
el que empezó a atacarnos.
23Atiende, Señor,
muéstrate a nosotros
en la tribulación,
y dame valor, Señor,
rey de los dioses
y señor de poderosos.
24Pon en mi boca
un discurso acertado
cuando tenga que hablar al león;
haz que cambie
y aborrezca a nuestro enemigo,
para que perezca
con todos sus cómplices.
25A nosotros líbranos con tu mano,
y a mí, que no tengo otro auxilio
fuera de ti, protégeme tú, Señor,
que lo sabes todo,
26y sabes que odio
la gloria de los impíos,
que me horroriza
el lecho de los incircuncisos
y de cualquier extranjero.
27Tú conoces mi peligro.
Aborrezco este emblema
de grandeza
que llevo en mi frente
cuando aparezco en público.
Lo aborrezco
como un harapo inmundo,
y en privado no lo llevo.
28Tu sierva no ha comido
a la mesa de Amán,
ni estimado el banquete del rey,
ni bebido vino de libaciones.
29Desde el día de mi exaltación
hasta hoy,
tu sierva sólo se ha deleitado en ti,
Señor, Dios de Abrahán.
30¡Oh Dios poderoso sobre todos!
Escucha el clamor
de los desesperados,
líbranos de las manos
de los malhechores
y a mí quítame el miedo.
Notas:
13,1-11 Oración de Mardoqueo. Ésta es una nueva inserción del autor tardío donde queda reflejado el espíritu religioso con que fue leído el libro. Se subraya en esta oración el carácter salvífico de Dios ( 9), su potencia creadora (10), su exclusivo señorío sobre el mundo y la humanidad, que excluye cualquier intento humano de sometimiento de unos sobre otros (12-14) y, por último, el poder liberador de Dios manifestado en el recuerdo de la liberación de Egipto. Por todo eso, el orante espera confiado que el Señor vuelva a actuar en favor de su heredad.
13,12-30 Oración de Ester. La oración de Ester sigue la misma línea de la oración de Mardoqueo. En ella se reconoce la grandeza única e inigualable de Dios al tiempo que refleja la fe inquebrantable en el cumplimiento de las promesas por parte de Dios a su pueblo. La actitud de la orante aquí es paradigmática: el desvalido, aunque rodeado de poder y gloria sólo tiene un mero punto de apoyo, su Dios, Señor de cielos y tierra.
