Ester 14

Ester y Asuero

14 1Al tercer día, al acabar la oración, Ester se quitó la ropa de suplicante y se vistió con todo lujo. 2Quedó esplendorosa. Luego, invocando al Dios y salvador que vela sobre todos, marchó con dos doncellas, 3apoyándose suavemente en una con delicada elegancia, 4mientras la otra la acompañaba llevando la cola del vestido. 5Ester iba encendida, radiante de hermosura, con el rostro alegre, como una enamorada, pero con el corazón angustiado.

6Atravesó todas las puertas, hasta quedar de pie ante el rey. Estaba sentado en su trono real, revestido de todos sus ornamentos majestuosos, de oro y piedras preciosas. El rey aparecía terrible. 7Levantó su rostro encendido de majestad y, en un arrebato de ira, lanzó una mirada. La reina palideció y se apoyó en el hombro de la doncella, desmayándose. 8Entonces Dios movió al rey a benevolencia; se inquietó, saltó de su trono y tomó a Ester en sus brazos, animándola con palabras tranquilizadoras mientras ella volvía en sí:

9–¿Qué pasa, Ester? Soy tu esposo. 10Ánimo, no morirás. Nuestra orden es sólo para nuestros súbditos. 11Acércate.

12Puso su cetro de oro sobre el cuello de Ester y la acarició, diciéndole:

–Háblame.

13Ester le dijo:

–Te vi, señor, como a un ángel de Dios, y me atemoricé ante tanto esplendor. 14Porque eres admirable, señor, y tu rostro fascina.

15Mientras hablaba, se desmayó. 16El rey se turbó, y todos los cortesanos intentaban reanimarla.

Notas:

14,1-16 Ester ante Asuero. Una nueva inserción del redactor tardío que interrumpe la escena de la presentación de Ester ante el rey y que tiene como finalidad constatar el cumplimiento de una de las peticiones de la oración de Ester. Ella ha pedido a su Dios que cambie el corazón del rey. En efecto, quien se presentaba ante el trono sin haber sido llamado previamente debía morir, pero en el caso de Ester, la ira del rey desaparece y acoge cariñosamente a su mujer (10-15).