Éxodo, 6
6 1El Señor respondió a Moisés:
–Pronto verás lo que voy a hacer al faraón: los dejará marchar a la fuerza y aun los echará de su territorio.
Misión de Moisés I (3,7-10)
2Dios dijo a Moisés:
Yo soy el Señor. 3Yo me aparecí a Abrahán, Isaac y Jacob como Dios Todopoderoso, pero no les di a conocer mi Nombre: el Señor. 4Yo hice alianza con ellos prometiéndoles la tierra de Canaán, tierra donde habían residido como emigrantes. 5Yo también, al escuchar las quejas de los israelitas esclavizados por los egipcios, me acordé de la alianza; 6por tanto, diles a los israelitas: Yo soy el Señor, yo les quitaré de encima las cargas de los egipcios, los libraré de su esclavitud, los rescataré con brazo extendido y haciendo justicia solemne. 7Los adoptaré como mi pueblo y seré su Dios; para que sepan que soy el Señor, el Dios de ustedes, el que les quita de encima las cargas de los egipcios, 8los llevaré a la tierra que prometí con juramento a Abrahán, Isaac y Jacob, y se la daré en posesión. Yo, el Señor.
9Moisés comunicó esto a los israelitas, pero no le hicieron caso, porque estaban agobiados por el durísimo trabajo.
10El Señor dijo a Moisés:
11–Ve al faraón, rey de Egipto, y dile que deje salir de su territorio a los israelitas.
12Moisés se dirigió al Señor en estos términos:
–Si los israelitas no me escuchan, ¿cómo me escuchará el faraón a mí, que soy tan torpe de palabra?
13El Señor habló a Moisés y a Aarón, les dio órdenes para los israelitas y para el faraón, rey de Egipto a fin de dejar salir de Egipto a los israelitas.
Lista de los cabezas de familia (Gn 46,8-11)
14Hijos de Rubén, primogénito de Jacob: Henoc, Falú, Jesrón y Carmí; son los clanes de Rubén.
15Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yaquín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea; son los clanes de Simeón.
16Lista de los hijos de Leví por generaciones: Guersón, Quehat y Merarí –Leví vivió ciento treinta y siete años–. 17Hijos de Guersón: Libní, Semeí y sus clanes. 18Hijos de Quehat: Amrán, Yishar, Hebrón y Uziel –Quehat vivió ciento treinta y tres años–. 19Hijos de Merarí: Majli y Musí. Hasta aquí los clanes de Leví, por generaciones.
20Amrán se casó con Yoquébed, pariente suya, y ella le dio a Aarón y a Moisés –Amrán vivió ciento treinta y siete años–. 21Hijos de Yishar: Córaj, Néfeg y Zicrí. 22Hijos de Uziel: Misael, Elsafán y Sitrí. 23Aarón se casó con Isabel, hija de Aminadab y hermana de Najsón; ella dio a luz a Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
24Hijos de Córaj: Asir, Elcaná y Abiasaf; son los clanes corajitas.
25Eleazar, hijo de Aarón, se casó con una hija de Futiel, y ella dio a luz a Fineés. Hasta aquí los cabezas de familia levitas por clanes.
26Y éstos son Aarón y Moisés, a quienes el Señor dijo: Saquen a los israelitas de Egipto por escuadrones, 27y los que dijeron al faraón, rey de Egipto, que dejara salir a los israelitas de Egipto: Moisés y Aarón.
Misión de Moisés II
28Cuando el Señor habló a Moisés en Egipto, 29le dijo:
–Yo soy el Señor. Repite al faraón de Egipto todo lo que te digo.
30Y Moisés le respondió al Señor:
–Soy torpe de palabra, ¿cómo me va a hacer caso el faraón?
Notas:
6,2-13 Misión de Moisés I. Ante el desánimo de los inspectores israelitas, y hasta cierto punto el desánimo también de Moisés, Dios responde con una promesa muy llamativa: se enfrentará él mismo al faraón (6,1). Aquí se debería iniciar la serie de signos y prodigios con los cuales Dios va a enfrentar al faraón; sin embargo, los redactores del libro no quisieron dejar de lado las diversas tradiciones sobre los distintos encuentros de Moisés y Aarón con el rey egipcio, de ahí que encontremos escenas repetidas.
Antes de comenzar lo que tradicionalmente conocemos como las «plagas de Egipto», el redactor considera importante subrayar la calidad del Dios que se enfrentará al poder egipcio: es el mismo Dios de los antepasados del pueblo que mantiene su promesa, el favor por los débiles y perdedores (2-8). Por otra parte, se subrayan las dos actitudes fundamentales de esta historia: en primer lugar, la del pueblo, que a pesar de los anuncios de Moisés aún no puede creer que su suerte pueda cambiar (9). En 4,31 ellos habían creído, pero ante el incremento del trabajo y de la opresión dan marcha atrás. La otra actitud es la de Moisés: aún siente la necesidad de sacar a su pueblo de la tierra que los oprime, pero puede más la duda, la incertidumbre y el pesimismo ante la dureza y la inercia de su pueblo. Con todo, la voluntad del Señor continúa firme (13).
6,14-27 Lista de los cabezas de familia. La mano de la escuela sacerdotal (P), que dio forma final a todo el Pentateuco, consideró importante introducir aquí esta lista genealógica, aunque con ello tuviera que interrumpir el relato de los tiempos previos a la liberación de Egipto. Para la escuela sacerdotal (P) era muy importante establecer el vínculo entre Moisés, Aarón y la tribu de los levitas, recayendo su interés principalmente en Aarón. Con ello busca legitimar la importancia social y cultual de los descendientes de Aarón que conforman históricamente el grupo sacerdotal que posteriormente controló el templo de Jerusalén y su culto. Nótese que se pasa con rapidez de Rubén y Simón a Leví, sin interesarle nada más que mostrar las cabezas de familia levitas.
6,28–7,7 Misión de Moisés II. ¿Por qué esta afirmación de que «yo pondré terco al faraón» (7,3)? ¿Qué sentido tiene que Dios dé una orden a sabiendas de que será desatendido? Ya nos decía lo mismo en 3,19 y 4,21, y aquí repite de nuevo la fórmula. No olvidemos que ninguno de estos relatos son una crónica simultánea de los acontecimientos, no son apuntes que toman los protagonistas, sino relatos que surgen posteriormente. Por tanto, no se trata de una historia en el sentido moderno del término, sino de una relectura, una reflexión a la luz de otras experiencias históricas que vive el pueblo.
El creyente de la antigüedad solía pensar que todo estaba dirigido por Dios; incluso la rebeldía y la obstinación del faraón estaban previstas y eran queridas por Dios. De ahí que no haya ningún inconveniente en poner en su boca la expresión mencionada anteriormente. Lo que se busca es resaltar el total control de Dios sobre las fuerzas naturales y sobrenaturales, humanas y no humanas; pero ese control no va en detrimento de la libertad del ser humano. La voluntad de Dios sólo busca salvar, rescatar, no deshumanizar u oprimir, como es el caso del faraón, la antítesis del libre ejercicio de la voluntad. Cuando hay voluntad para hacer el mal se está lejos del auténtico ideal de libertad.
Así pues, la afirmación «yo pondré terco al faraón» no nos debe crear problemas; lo mismo vale decir de otras fórmulas parecidas, como aquella que encontramos en Is 6,9s, puesta en Mc 4,12 en labios del mismo Jesús. Los escritores bíblicos, y en especial los escritos proféticos, suelen situar en el futuro acontecimientos pasados, como se dijo, siempre como una acción directa de Dios.
