Génesis, 1
La creación (Sal 104; Eclo 43; Prov 8,22-31)
1 1Al principio Dios creó el cielo y la tierra. 2La tierra no tenía forma; las tinieblas cubrían el abismo. Y el soplo de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
3Dijo Dios:
–Que exista la luz.
Y la luz existió. 4Vio Dios que la luz era buena; y Dios separó la luz de las tinieblas; 5llamó Dios a la luz: día, y a las tinieblas: noche. Pasó una tarde, pasó una mañana: éste fue el día primero.
6Y dijo Dios:
–Que exista un firmamento entre las aguas, que separe aguas de aguas.
7E hizo Dios el firmamento para separar las aguas de debajo del firmamento, de las aguas de encima del firmamento. Y así fue. 8Y Dios llamó al firmamento: cielo. Pasó una tarde, pasó una mañana: éste fue el día segundo.
9Y dijo Dios:
–Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.
Y así fue. 10Y Dios llamó a los continentes: tierra, y a la masa de las aguas la llamó: mar. Y vio Dios que era bueno.
11Y dijo Dios:
–Produzca la tierra pasto y hierbas que den semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.
Y así fue. 12La tierra produjo hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. 13Pasó una tarde, pasó una mañana: éste fue el día tercero.
14Y dijo Dios:
–Que existan astros en el firmamento del cielo para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; 15y sirvan como lámparas del cielo para alumbrar a la tierra.
Y así fue. 16E hizo Dios los dos grandes astros: el astro mayor para regir el día, el astro menor para regir la noche, y las estrellas. 17Y los puso Dios en el firmamento del cielo para dar luz sobre la tierra; 18para regir el día y la noche, para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. 19Pasó una tarde, pasó una mañana: éste fue el día cuarto.
20Y dijo Dios:
–Llénense las aguas de multitud de vivientes, y vuelen pájaros sobre la tierra frente al firmamento del cielo.
21Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que llenan las aguas según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
22Y Dios los bendijo, diciendo:
–Crezcan, multiplíquense y llenen las aguas del mar; y que las aves se multipliquen en la tierra.
23Pasó una tarde, pasó una mañana: éste fue el día quinto.
24Y dijo Dios:
–Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.
Y así fue. 25E hizo Dios las fieras de la tierra según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles del suelo según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
26Y dijo Dios:
–Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles.
27Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó.
28Y los bendijo Dios y les dijo:
–Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra.
29Y dijo Dios:
–Miren, les entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla les servirán de alimento; 30 y a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra –a todo ser que respira–, la hierba verde les servirá de alimento.
Y así fue. 31Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: éste fue el día sexto.
Notas:
1,1–2,4a La creación. Por mucho tiempo se creyó que este relato con el que se abre el Génesis fue lo primero y más antiguo que se escribió en la Biblia. Es probable que los materiales y las tradiciones que se utilizan aquí sí sean muy antiguos, pero está probado que su redacción es quizá de lo último que se escribió en el Pentateuco. El estilo con que está redactado es obra de la escuela sacerdotal (P), y su propósito carece absolutamente de todo interés científico. Como ya sabemos, el pueblo judío se encontraba entonces a un paso de aceptar la religión babilónica. Lo que exigía y necesitaba no era una lección de prehistoria, sino unos principios que le ayudaran a entender los siglos de historia vivida para no hundirse completamente en la crítica situación que estaban atravesando. Se respiraba un aire de derrota, de fracaso, de horizontes cerrados, de desconfianza respecto a todo tipo de institución; lo que era todavía más peligroso: desde el punto de vista religioso, hay un ambiente de desconfianza hacia su Dios y hasta una cierta sospecha de que Él y sólo Él era el responsable, no sólo de los males pasados, sino también de los presentes.
La primera intención de los sabios de Israel es liberar a Dios de toda responsabilidad respecto a la injusticia y al mal en el mundo. Con materiales de cosmogonías de otros pueblos orientales componen un relato que busca, mediante el artificio literario de la poesía, inculcar en la mente de los creyentes la idea de que, desde el principio, Dios había creado todo con gran armonía y bondad y que, por lo tanto, no hay en la mente de Dios ningún propósito negativo.
El himno o poema responde a un esquema septenario de creación. Dios crea todo cuanto existe en seis días y el séptimo lo consagra al descanso, lo cual también debe ser imitado por el pueblo. Varios elementos se repiten a lo largo del poema con la intención de que quede bien impreso en la mente del creyente. No se trata de una teoría sobre la formación del mundo ni sobre la aparición de la vida y de las especies en él; hay razones mucho más profundas y serias que impulsan la obra.
El creyente judío vive una encrucijada histórica: El Señor, Yahvé, su Dios, ha sido derrotado, el pueblo ha perdido sus instituciones, y sus opresores le empujan a aceptar la atractiva religión babilónica con su culto y sus ritos. Para estos fieles tentados, el poema es toda una catequesis, un canto a la resistencia que invita a mantener firme la fe en el Único y Verdadero Dios de Israel.
Veamos en forma de elenco las posibles intenciones y consecuencias que hay detrás de este relato:
- La creación es fruto de la bondad absoluta de Dios: mientras en los mitos y cosmogonías de los pueblos vecinos la creación está enmarcada en disputas y enfrentamientos violentos entre las divinidades, aquí aparece una omnipotencia creadora, cuya Palabra única va haciendo aparecer cuanto existe con la nota característica de que todo es «bueno».
- En la creación todo obedece a un plan armónico, cada elemento cumple una función determinada: los astros iluminan el día o la noche y señalan el paso del tiempo y el cambio de las estaciones; es decir: cada criatura está para servir al ser humano, no al contrario. Ello contrasta con la percepción de otras religiones, entre ellas la babilónica, donde astros y animales eran adorados como divinidades, ante los cuales muchos inmolaban incluso a sus hijos. Jamás esta finalidad estuvo presente en la mente creadora de Dios.
- Se da otro paso más en la toma de conciencia respecto a la relación de Dios con el ser humano y el mundo, al resaltar la responsabilidad propia del hombre y la mujer en este conjunto armónico creado por Dios mediante su Palabra. No es fortuito el hecho de que el ser humano, hombre y mujer, sea lo último que Dios crea en el orden de días que va marcando nuestro poema. Al ambiente de injusticia, de desigualdad y de dominación por parte de quien se cree amo y señor del mundo, se contrapone este nuevo elemento de resistencia: Dios crea al hombre y a la mujer a su propia imagen y semejanza, los crea varón y mujer para que administren conjuntamente su obra en igualdad de responsabilidades. Su imagen y semejanza con Dios era el proyecto propio del ser humano como pareja: construir cada día esa imagen y semejanza manteniendo la fidelidad al proyecto armónico y bondadoso del principio, sin dominar a los demás ni someter a tiranía a los débiles ni al resto de la creación.
- En la creación hay un orden y una armonía, no sólo porque es fruto de la Palabra creadora de Dios, sino porque Él mismo ratificó esa armonía y esa bondad con su bendición, algo que es exclusivo de Él y que aquí es también todo un mensaje esperanzador para enfrentar la dura situación de sometimiento en que se hallaban los israelitas.
- Finalmente, el descanso sabático es una nueva invitación a la resistencia contra el poder opresor, que hoy cobra gran vigencia. Ni siquiera Dios en su actividad creadora omitió este aspecto del descanso. El ser humano no puede convertirse en un agente de trabajo y producción; el descanso también forma parte de la armonía y finalidad de la creación y, por tanto, está incluido en la imagen y semejanza de su Creador que el ser humano lleva en sí.
Hay, pues, muchos elementos que hacen de este relato un motivo para creer, para esperar y, sobre todo, para resistir contra todo aquello o aquellos que pretenden suplantar la voluntad creadora y liberadora de Dios en este mundo.
