Génesis, 37

Ciclo Patriarcal: José

Sueños de José (Eclo 34,1-8)

37 1Jacob se estableció en el país cananeo, la tierra donde había residido su padre.

2Ésta es la historia de la familia de Jacob. José tenía diecisiete años y pastoreaba el rebaño con sus hermanos. Ayudaba a los hijos de Bilha y Zilpa, mujeres de su padre, y trajo a su padre malos informes de sus hermanos. 3Israel prefería a José entre sus hijos, porque le había nacido en edad avanzada, y le hizo una túnica con mangas. 4Sus hermanos, al ver que su padre lo prefería entre los hermanos, le tomaron rencor y hasta le negaban el saludo.

5José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos, con lo cual a ellos les aumentó el rencor. 6Les dijo:

–Escuchen lo que he soñado. 7Estábamos atando gavillas en el campo, de pronto mi gavilla se alzó y se tenía en pie mientras las gavillas de ustedes, formaban un círculo en torno a la mía y se postraban ante ella.

8Le contestaron sus hermanos:

–¿Vas a ser tú nuestro rey? ¿Vas a ser tú nuestro señor?

Y les crecía el rencor por los sueños que les contaba. 9José tuvo otro sueño y se lo contó a sus hermanos:

–He tenido otro sueño: El sol y la luna y once estrellas se postraban ante mí.

10Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre le reprendió:

–¿Qué es eso que has soñado? ¿Es que yo y tu madre y tus hermanos vamos a postrarnos por tierra ante ti?

11Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre se guardó el asunto.

12Sus hermanos se trasladaron a Siquén a apacentar el rebaño de su padre.

13Israel dijo a José:

–Tus hermanos se encuentran pastoreando en Siquén. Quiero enviarte allá.

Contestó él:

–Aquí me tienes.

14Le dijo:

–Vete a ver qué tal están tus hermanos y qué tal el rebaño y tráeme noticias.

Así lo envió desde el valle de Hebrón y él se dirigió a Siquén.

15Un hombre lo encontró perdido por el campo y le preguntó qué buscaba; 16él dijo:

–Busco a mis hermanos; te ruego que me digas dónde pastorean.

17El hombre le contestó:

–Se han marchado de aquí; les oí decir que iban hacia Dotán.

José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. 18Cuando ellos lo vieron venir a lo lejos, antes de que se acercara tramaron su muerte. 19Y comentaban:

–¡Ahí viene ese soñador! 20Vamos a matarlo y echarlo en un pozo; después diremos que lo ha devorado una fiera, y veremos en qué terminan sus sueños.

21Cuando Rubén oyó esto, intentó librarlo de sus manos y les dijo:

–No cometamos un homicidio.

22Y añadió Rubén:

–No derramen sangre; échenlo en este pozo, aquí en el desierto y no pongan las manos sobre él.

Era para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre.

José vendido por sus hermanos

23Cuando José llegó adonde estaban sus hermanos, ellos le quitaron la túnica con mangas que llevaba, 24lo agarraron y echaron en un pozo; era un pozo vacío, sin agua. 25Después se sentaron a comer. Levantando la vista vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma de aromas, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. 26Judá propuso a sus hermanos:

–¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y echar tierra sobre su sangre? 27Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos las manos en él; que al fin es hermano nuestro, de nuestra carne y sangre.

Los hermanos aceptaron. 28Al pasar unos mercaderes madianitas, retiraron a José del pozo y lo vendieron a los ismaelitas por veinte pesos de plata. Éstos se llevaron a José a Egipto. 29Entre tanto Rubén volvió al pozo, y al ver que José no estaba en el pozo, se rasgó las vestiduras, 30volvió a sus hermanos y les dijo:

–El muchacho no está; y yo, ¿a dónde voy yo ahora?

31Ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito, empaparon en sangre la túnica y  32enviaron la túnica con manchas a su padre con este recado:

–Hemos encontrado esto; mira a ver si es la túnica de tu hijo o no.

33Él al reconocerla dijo:

–¡Es la túnica de mi hijo! Una fiera lo ha devorado, ha descuartizado a José.

34Jacob se rasgó las vestiduras, se vistió de luto y estuvo mucho tiempo de duelo por su hijo. 35Vinieron todos sus hijos e hijas para consolarlo. Pero él rehusó el consuelo diciendo:

–Bajaré a la tumba haciendo duelo por mi hijo.

Su padre lo lloró. 36Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Putifar, ministro y jefe de la guardia del faraón.

Notas:

37,1-22 Sueños de José. No es de extrañar que entre tantos hijos de Jacob surjan diferencias y discrepancias. Lo que llama la atención es que sea precisamente uno de los hermanos menores la causa del conflicto intrafamiliar. José manifiesta en sus sueños una tendencia y un deseo de dominar a sus hermanos (7s) y hasta a sus propios padres (9s), lo cual aumenta la envidia y el odio de sus hermanos (8.11), granjeados además por la especial predilección de su padre (4). La reacción de sus hermanos es eliminarlo (20), pero en medio de todo hay algo de respeto por la vida, y eso es en definitiva lo que salva a José de la muerte (21s.26).

37,23-36 José vendido por sus hermanos. La diversidad de tradiciones en torno a la historia de José queda de manifiesto en la aparente contradicción sobre el hermano que lo defiende de los demás hermanos (21.26). Lo mismo vale decir sobre sus compradores: se supone que los hermanos aceptan la propuesta de Judá de venderlo a unos ismaelitas (27); pero se le vende a unos madianitas (28), aunque de nuevo se menciona a los ismaelitas. Rubén aparece como ajeno por completo a la transacción, al punto de rasgarse sus vestiduras, pues cree que sus hermanos han asesinado a José, al no hallarlo en el pozo (29).

El centro de esta sección lo ocupa el proceder engañoso de los hijos de Jacob (31-33), que se constituye de nuevo en una especie de retribución para Jacob. Él, que llegó al extremo de engañar a su padre para robar a su hermano la bendición, es ahora engañado por sus propios hijos, aunque este engaño sólo sea temporal y con un desenlace feliz. Otra manera de acentuar el proceder de Dios aún en medio de engaños y falsías humanos.