Génesis, 38

Judá y Tamar (Dt 25,5-10; Mt 22,24; Rut)

38 1Por aquel tiempo Judá se apartó de sus hermanos y se fue a vivir con un tal Jira, adulamita. 2Judá vio allí una mujer cananea, llamada Sua. La tomó por esposa y tuvo relaciones con ella. 3Ella concibió y dio a luz un hijo y lo llamó Er; 4volvió a concebir y dio a luz un hijo y lo llamó Onán; 5de nuevo dio a luz un hijo y lo llamó Sela, estaba en Cazib cuando dio a luz.

6Judá le procuró una mujer llamada Tamar a su primogénito Er.

7Pero Er, el primogénito de Judá, desagradaba al Señor y el Señor lo hizo morir. 8Judá dijo a Onán:

–Toma la mujer de tu hermano, según tu obligación de cuñado, y procúrale descendencia a tu hermano.

9Pero Onán, sabiendo que la descendencia no iba a ser suya, cuando se acostaba con la mujer de su hermano, derramaba por tierra para no procurarle descendencia a su hermano. 10El Señor reprobó lo que hacía y también a él lo hizo morir. 11Judá dijo a Tamar, su nuera:

–Vive como viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Sela.

Porque temía que muriera también él como sus hermanos. Tamar se fue y habitó en casa de su padre.

12Pasado bastante tiempo, murió la mujer de Judá, Sua. Terminado el luto, Judá subió, con su socio adulamita, a Timná, donde estaban los esquiladores. 13Avisaron a Tamar:

–Tu suegro está subiendo a Timná a esquilar.

14Ella se quitó el traje de viuda, se cubrió con un velo disfrazándose y se sentó junto a Enaim, en el camino de Timná; pues veía que Sela había crecido y no la tomaba por esposa. 15Al verla Judá creyó que era una prostituta, pues se cubría la cara. 16Se acercó a ella por el camino y le propuso:

–Deja que me acueste contigo.

Porque no sabía que era su nuera. Respondió ella:

–¿Qué me das por acostarte conmigo?

17Contestó:

–Yo te enviaré un cabrito del rebaño.

Replicó ella:

–Sólo si me dejas una prenda hasta enviármelo.

18Le preguntó:

–¿Qué prenda quieres que te deje?

Contestó:

–El anillo del sello con la cinta y el bastón que llevas.

Se los dio, se acostó con ella y ella quedó embarazada. 19Se levantó, se fue, se quitó el velo y se vistió el traje de viuda.

20Judá le envió el cabrito por medio de su socio adulamita para retirar la prenda a la mujer; pero éste no la encontró. 21Preguntó a unos hombres del lugar:

–¿Dónde está la ramera, la que se ponía en Enaim junto al camino?

Le contestaron:

–Aquí no había ninguna ramera.

22Se volvió a Judá y le informó:

–No la he encontrado, y unos hombres del lugar me han dicho que allí no había ninguna ramera.

23Judá replicó:

–Que se quede con ello, no se vayan a burlar de nosotros. Yo le he enviado el cabrito y tú no la has encontrado.

24Pasados tres meses le informaron a Judá:

–Tu nuera Tamar se ha prostituido y ha quedado embarazada.

Ordenó Judá:

–Que la saquen afuera y la quemen.

25Mientras la conducían, envió un mensaje a su suegro:

–El dueño de estos objetos me ha dejado embarazada. A ver si reconoces a quién pertenecen el anillo del sello con la cinta y el bastón.

26Los reconoció Judá y dijo:

–Ella es inocente y no yo, porque no le he dado a mi hijo Sela.

Y no volvió a tener relaciones con ella.

27Cuando llegó el parto, tenía mellizos. 28Al dar a luz, uno sacó una mano, la comadrona se la agarró y le ató a la muñeca una cinta roja, diciendo:

–Éste salió el primero.

29Pero él retiró la mano y salió su hermano. Ella comentó:

–¡Buena brecha te has abierto!

Y lo llamó Fares. 30Después salió su hermano, el de la cinta roja a la muñeca, y ella lo llamó Zéraj.

Notas:

38,1-30 Judá y Tamar. Este capítulo interrumpe la historia de José para centrarse en algunos aspectos de la vida de Judá: sus relaciones, al parecer de tipo económico y comercial con un adulamita y su unión marital con Sua, mujer cananea. En definitiva, establece el origen étnico de la tribu o descendencia de Judá, en el que de nuevo se hacen presentes el engaño, la mentira y la injusticia, pero donde también se resaltan aspectos de rectitud y de justicia (26-30).

Por primera vez en las narraciones del Génesis se hace alusión a una antigua ley del Oriente Cercano, la ley del «levirato»: si al morir un hombre casado no había dejado descendencia, su hermano o «levir» –cuñado– de la viuda debía tomarla por esposa y darle descendencia a su hermano. Ésta es la misma ley que aparecerá como legislación de Moisés en Dt 25,5-8, y es la misma que siglos más tarde invocarán unos saduceos para poner a prueba a Jesús (cfr. Mt 22,24); es, además, el eje narrativo del libro de Rut. Hay que resaltar en este capítulo la intencionalidad narrativa de establecer los orígenes multiétnicos de la tribu de Judá y preparar al lector para la bendición que recibirá el padre de esta tribu por parte de Jacob/Israel en 49,9-12, donde el «bastón» mencionado (18) adquiere de repente características de realeza.