Génesis, 45

Reconocimiento y reconciliación (Sal 133)

45 1José no pudo contenerse en presencia de su corte y ordenó:

–Salgan todos de mi presencia.

Y no quedó nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos. 2Se puso a llorar tan fuerte, que los egipcios lo oyeron y la noticia llegó a casa del faraón. 3José dijo a sus hermanos:

–Yo soy José. ¿Vive todavía mi padre?

Sus hermanos, confundidos y avergonzados, no supieron qué responder. 4José dijo a sus hermanos:

–Acérquense.

Se acercaron, y les dijo:

–Yo soy José, su hermano, el que vendieron a los egipcios. 5Pero ahora no se aflijan ni les pese haberme vendido aquí; porque para salvar vidas me envió Dios por delante. 6Llevamos dos años de hambre en el país y nos quedan cinco sin siembra ni siega. 7Dios me envió por delante para que puedan sobrevivir en este país, para conservar la vida a muchos supervivientes. 8No fueron ustedes quienes me enviaron aquí, fue Dios; me hizo ministro del faraón, señor de toda su corte y gobernador de Egipto.

9Ahora regresen cuanto antes a casa de mi padre y díganle: Esto dice tu hijo José: Dios me ha hecho señor de todo Egipto; baja acá conmigo sin tardar. 10Habitarás en la región de Gosén y estarás cerca de mí: tú y tus hijos y tus nietos, tus ovejas y vacas y todas tus posesiones. 11Quedan cinco años de hambre: yo te mantendré allí, para que no les falte nada a ti ni a tu familia ni a tus posesiones. 12Ustedes son testigos, y también mi hermano Benjamín lo es, que les hablo en persona. 13Cuéntenle a mi padre mi prestigio en Egipto y todo lo que han visto y traigan cuanto antes a mi padre acá.

14Y echándose al cuello de Benjamín, su hermano, se puso a llorar y lo mismo hizo Benjamín.

15Después besó llorando a todos los hermanos. Sólo entonces le hablaron sus hermanos.

16Cuando llegó al palacio del faraón la noticia de que habían venido los hermanos de José, el faraón y su corte se alegraron. 17El faraón dijo a José:

–Da las siguientes instrucciones a tus hermanos: carguen los animales y regresen a Canaán,

18tomen a su padre y a su familia y vuelvan acá; yo les daré lo mejor de Egipto y comerán lo más sustancioso del país. 19Mándales también: Tomen carros de Egipto para transportar en ellos a niños y mujeres y a su padre, y regresen. 20No se preocupen por las cosas que dejan, porque lo mejor de Egipto será de ustedes.

21Así lo hicieron los hijos de Israel. José les dio carros, según las órdenes del faraón, y provisiones para el viaje. 22Además dio a cada uno una muda de ropa y a Benjamín trescientos pesos de plata y cinco mudas de ropa. 23A su padre le envió diez asnos cargados de productos de Egipto, diez borricas cargadas de grano y víveres para el viaje de su padre. 24Despidió a sus hermanos y, cuando se iban, les dijo:

–No peleen por el camino.

25Subieron de Egipto, llegaron a Canaán, a casa de su padre Jacob 26y le comunicaron la noticia:

–José está vivo y es gobernador de Egipto.

A Jacob se le encogió el corazón sin poder creerlo. 27Ellos le repitieron cuanto les había dicho José. Cuando vio los carros que José había enviado para transportarlo, su padre Jacob recobró el aliento. 28Y dijo Israel:

–¡Ya es suficiente! Mi hijo José está vivo; lo veré antes de morir.

Notas:

45,1-28 Reconocimiento y reconciliación. Por una parte, las palabras de Judá parecen haber ablandado el corazón de José, pero los sentimientos reprimidos de José también llegan al límite, reventando y poniendo fin a la farsa que él mismo se había inventado. Los hermanos, atónitos, no saben qué decir; es el mismo José quien los absuelve y declara que su antigua actitud hostil y el rechazo que los indujo a planear su desaparición no se les puede imputar como castigo, sino que debe ser vista como una acción divina que permitió todo aquello para demostrar su especial preocupación y atención por esta familia (5-8). Sin detenerse en más discursos de parte de ninguno de los presentes, y tras señalar la reconciliación mediante las palabras y los gestos de José, sus hermanos pueden por fin hablar. Se hacen todos los arreglos para que Jacob sea trasladado a Egipto con el beneplácito del faraón (17-20) y la constatación del consentimiento de Jacob para emprender el viaje (21-28).