Génesis, 48

Jacob bendice a Efraín y Manasés (27)

48 1Después de estos sucesos le avisaron a José que su padre estaba grave. Él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín. 2Le comunicaron a Jacob que estaba llegando su hijo José. Israel, haciendo un esfuerzo, se incorporó en la cama. 3Jacob dijo a José:

–Dios Todopoderoso se me apareció en Luz de Canaán y me bendijo, 4diciéndome: Yo te haré crecer y multiplicarte hasta ser un grupo de tribus; a tus descendientes entregaré esta tierra en posesión perpetua. 5Pues bien, los dos hijos que te nacieron en Egipto antes de venir yo a vivir contigo, serán míos: Efraín y Manasés serán para mí como Rubén y Simeón. 6En cambio los que te nazcan después serán tuyos y en nombre de sus hermanos recibirán su herencia.

7Cuando volvía de Padán, se me murió Raquel, en Canaán, en el camino, un buen trecho antes de llegar a Efrata, y en el camino de Efrata –hoy Belén– la enterré.

8Viendo Israel a los hijos de José, preguntó:

–¿Quiénes son?

9Contestó José a su padre:

–Son mis hijos, que Dios me dio aquí.

Le dijo:

–Acércamelos que los bendiga.

10Israel había perdido vista con la vejez y casi no veía. Cuando se los acercaron, los besó y abrazó. 11Israel dijo a José:

–No contaba con verte; ahora resulta que Dios me ha dejado verte a ti y a tus descendientes.

12José se los retiró de las rodillas y se postró rostro en tierra. 13Después tomó José a los dos: a Efraín con la derecha lo puso a la izquierda de Israel, a Manasés con la izquierda lo puso a la derecha de Israel; y se los acercó. 14Israel extendió la mano derecha y la colocó sobre la cabeza de Efraín, el menor, y la izquierda sobre la cabeza de Manasés; cruzando los brazos, pues Manasés era el primogénito. 15Y los bendijo:

– El Dios en cuya presencia caminaron mis padres, Abrahán e Isaac; el Dios que fue mi pastor desde mi nacimiento hasta hoy; 16el ángel que me redime de todo mal bendiga a estos muchachos; que ellos lleven mi nombre y el de mis padres, Abrahán e Isaac, que crezcan y se multipliquen en medio de la tierra.

17Viendo José que su padre había colocado la derecha sobre la cabeza de Efraín, lo tomó a mal; agarró la mano de su padre y la pasó de la cabeza de Efraín a la de Manasés, 18mientras decía a su padre:

–No es así, padre, éste es el primogénito, pon la mano sobre su cabeza.

19El padre rehusó diciendo:

–Lo sé, hijo mío, lo sé. También llegará a ser una tribu y crecerá. Pero su hermano menor será más grande que él y su descendencia será toda una nación. 20Entonces los bendijo:

–El pueblo de Israel usará sus nombres para las bendiciones diciendo: ¡Dios te haga como a Efraín y a Manasés!

Así colocó a Efraín delante de Manasés.

21Israel dijo a José:

–Yo estoy para morir; Dios estará con ustedes y los llevará otra vez a la tierra de sus padres.

22Yo te doy más que a tus hermanos, te entrego Siquén, la que conquisté a los amorreos con mi espada y mi arco.

Notas:

48,1-22 Jacob bendice a Efraín y Manasés. Una última actuación de Jacob antes de su muerte: incorporar a sus dos nietos a la lista de sus hijos, en sus propias palabras, para reemplazar a Rubén y a Simeón que pronto tendrán que desaparecer. Como quiera que estos sucesos no son una crónica «histórica» en sentido moderno, en realidad se trata de una lectura teologizada de la historia, de la realidad vivida por las tribus del norte que atribuían su procedencia al patriarca José: las tribus de Manasés y de Efraín. Históricamente fue tal vez la tribu de Efraín, o por lo menos una porción de ella, la que logró sobrevivir a la destrucción del reino del norte (cfr. Os 5,3.5.11.13), y de allí esta proyección al pasado, a la escena donde Jacob prefiere al menor sobre el mayor, una constatación que, entre otras cosas, se ha venido repitiendo a lo largo de las historias patriarcales. La escena concluye con las palabras de Jacob, quien recuerda a José que su lugar y su tierra es Canaán, Siquén, y no Egipto (22), y su declaración de confianza en que Dios mismo los acompañará en el futuro retorno (21).