Juan, 15

Jesús, camino hacia el Padre

14 1No se inquieten. Crean en Dios y crean en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así lo habría dicho, porque voy a prepararles un lugar.

3Cuando haya ido y les tenga preparado un lugar, volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. 4Ya conocen el camino para ir a donde [yo] voy.

5Le dice Tomás:

—Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?

6Le dice Jesús:

—Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre si no es por mí.

7Si me conocieran a mí, conocerían también al Padre.En realidad, ya lo conocen y lo han visto.

8Le dice Felipe:

—Señor, enséñanos al Padre y nos basta.

9Le responde Jesús:

—Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conocen? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre: ¿cómo pides que te enseñe al Padre? 10¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las digo por mi cuenta; el Padre que está en mí es el que hace las obras. 11Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; si no, créanlo por las mismas obras.

12Les aseguro: quien cree en mí hará las obras que yo hago, e incluso otras mayores, porque yo voy al Padre; 13y yo haré todo lo que pidan en mi nombre, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre. 14Si ustedes piden algo en mi nombre, yo lo haré.

15Si me aman, cumplirán mis mandamientos; 16y yo pediré al Padre que les envíe otro Defensor que esté siempre con ustedes: 17el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. 18No los dejo huérfanos, volveré a visitarlos.

19Dentro de poco el mundo ya no me verá; ustedes, en cambio, me verán, porque yo vivo y ustedes vivirán. 20Aquel día comprenderán que yo estoy en el Padre y ustedes en mí y yo en ustedes. 21Quien recibe y cumple mis mandamientos, ése sí que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.

22Le dice Judas –no el Iscariote–:

—Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?

23Jesús le contestó:

—Si alguien me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él. 24Quien no me ama no cumple mis palabras, y la palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.

25Les he dicho esto mientras estoy con ustedes. 26El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que [yo] les he dicho.

27La paz les dejo, les doy mi paz, y no como la da el mundo. No se inquieten ni se acobarden. 28Oyeron que les dije que me voy y volveré a visitarlos. Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo.

29Les he dicho esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean. 30Ya no hablaré mucho con ustedes, porque está llegando el príncipe del mundo. No tiene poder sobre mí, 31pero el mundo tiene que saber que yo amo al Padre y hago lo que el Padre me encargó.

¡Levántense! Vámonos de aquí.

La vid verdadera

15 1Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. 2Él corta los sarmientos que en mí no dan fruto; a los que dan fruto los poda para que den aún más.

3Ustedes ya están limpios por la palabra que les he anunciado.

4Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.

5Yo soy la vid, ustedes los sarmientos: quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada.

6Si uno no permanece en mí lo tirarán afuera como el sarmiento y se secará: los toman, los echan al fuego y se queman.

7Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pedirán lo que quieran y lo obtendrán. 8Mi Padre será glorificado si dan fruto abundante y son mis discípulos.

9Como el Padre me amó así yo los he amado: permanezcan en mi amor. 10Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

11Les he dicho esto para que participen de mi alegría y sean plenamente felices.

12Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. 13Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos.

14Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. 15Ya no los llamo sirvientes, porque el sirviente no sabe lo que hace su señor. A ustedes los he llamado amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché a mi Padre.

16No me eligieron ustedes a mí; yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidan al Padre en mi nombre él se lo concederá. 17Esto es lo que les mando, ámense unos a otros.

El odio del mundo

18Si el mundo los odia, sepan que primero me odió a mí.19Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero, como no son del mundo, sino que yo los elegí sacándolos del mundo, por eso el mundo los odia.

20Recuerden lo que les dije: Un sirviente no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán; si cumplieron mi palabra, también cumplirán la de ustedes. 21Los tratarán así a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.

22Si no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado.

23Quien me odia a mí odia al Padre. 24Si no hubiera hecho ante ellos obras que ningún otro hizo, no tendrían pecado. Pero ahora, aunque las han visto, nos odian a mí y a mi Padre. 25Así se cumple lo escrito en la ley acerca de ellos: me odiaron sin causa.

El testimonio del Espíritu y de los discípulos

26Cuando venga el Defensor que yo les enviaré de parte del Padre, él dará testimonio de mí; 27y ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio.

Notas:

15,1-17 La vid verdadera. El relato de la vid no es, en rigor, una parábola ni una alegoría, sino una fórmula de presentación, de identificación y reconocimiento. Jesús realiza cumplidamente lo que esta imagen significa. Él es la vid verdadera sin atenuaciones de ninguna clase.

Esta imagen de la vid no evoca una estampa bucólica del campo, sino que posee connotaciones de rivalidad y enfrentamiento. Jesucristo, vid verdadera, se halla en relación de oposición y superación del Antiguo Testamento. Se opone frontalmente al judaísmo, caracterizado en sus símbolos más conocidos (el emblema del templo era una inmensa vid de oro; lo mismo de la sinagoga de Yamnia).

Jesús es la vid verdadera (1), es el nuevo Israel en oposición al Antiguo, que no ha dado los frutos esperados. También se contrapone a otras vides que, comparadas con Él, no han resultado ni fructíferas ni eficaces. El dueño de la vid es el Padre (1).

La poda tiene una finalidad: que la vid dé fruto abundante (2). El sarmiento que no dé fruto tiene su suerte echada: será arrancado. El Padre realiza la poda cuidando solícitamente de la vid.

Al don del Padre corresponde la colaboración del discípulo, puesto que el discípulo se caracteriza por permanecer en Jesús (4), ser lo que ya se es injertado en Él. Jesucristo mismo responde a su vez a esta colaboración permaneciendo en el discípulo. Acontece una inmanencia recíproca, una comunión personal, íntima. Sin embargo, esta inmanencia no es exclusivamente individual, entre Jesús individuo, y un cristiano individualmente. Encontramos en Jesucristo a todos los seres humanos. Pablo en 1 Cor 12,12-27 habla del cuerpo de Jesucristo en cuanto contiene a los miembros vivos de Jesucristo.

¿Qué quiere decir «dar fruto abundante» (8)? El permanecer en Jesucristo implica necesariamente dar fruto. Inmanencia y productividad se condicionan mutuamente. El dar fruto no puede entenderse como un activismo ni la permanencia como una pasividad. La permanencia se muestra esencialmente dinámica, fructificando.

El hecho de dar fruto aparece con un doble sentido. Por una parte, los discípulos deben hacerlo hacia dentro: permanecer en Jesús mediante el amor fraterno y, en consecuencia, ser «una sola cosa». Y por otra, deben hacerlo hacia fuera: los discípulos deben comprometerse en la misión, tal como el mismo Jesús declara: «para que el mundo crea que tú me enviaste» (17,21b).

15,18-25. El odio del mundo. Los discípulos al haber sido elegidos por Jesús (15,16) ya no pertenecen al mundo, entiéndase por mundo toda realidad que rechaza el proyecto de Jesús. Por eso el mundo odia –está enfrentado– a los discípulos. La suerte del discípulo no puede ser distinta a la suerte del Maestro comenta el evangelista, si el Maestro fue rechazado, perseguido y odiado, también lo serán los discípulos.

15,26–16,5 El testimonio del Espíritu y de los discípulos. Los discípulos no están solos ni abandonados, el Espíritu les consolidará en su opción, ya que dará testimonio de Jesús y les moverá a ellos a dar testimonio también del Maestro: «para que no fallen» (16,1).

El evangelista es más explícito en su descripción de la persecución: habla de una expulsión de la sinagoga (16,2), situación propia de la comunidad joánica, y de una perversión del culto a Dios: «llegará un tiempo en que el que los mate pensará que está dando culto a Dios» (16,2), como fue el caso de Pablo (Hch 26,9-11).