Salmo -18

18–Señor, tú diste gran victoria a tu rey (144; 2 Sm 22)

2¡Yo te amo, Señor, mi fortaleza!
3¡Señor, mi roca, mi defensa, mi libertador!,
¡Dios mío, mi roca de refugio!
¡Mi escudo, mi fuerza salvadora,
mi baluarte, digno de alabanza!
4Invoco al Señor y quedo libre del enemigo.

5Me cercaban lazos mortales,
torrentes destructores me aterraban,
6me envolvían lazos del Abismo,
me alcanzaban redes de muerte.
7En el peligro invoqué al Señor
pidiendo socorro a mi Dios;
desde su templo escuchó mi clamor,
mi grito de socorro llegó a él, a sus oídos.

8Tembló y retembló la tierra,
se tambalearon los cimientos de los montes
estremecidos por su furor.
9De su nariz se alzaba una humareda,
de su boca un fuego voraz
y arrojaba carbones encendidos.

10Inclinó los cielos y bajó,
con nubarrones bajo los pies;
11volaba cabalgando en un querubín,
planeando sobre las alas del viento;
12se puso como velo un cerco de tinieblas,
como tienda un oscuro aguacero
y nubes espesas.
13Ante el resplandor de su presencia,
las nubes se deshicieron
en granizo y centellas;
14mientras el Señor tronaba en el cielo,
el Altísimo lanzaba su voz.
15Forjaba sus saetas y las dispersaba,
multiplicaba sus rayos y los esparcía.
16Apareció el cauce del mar
y afloraron los cimientos de la tierra,
ante tu bramido, Señor,
ante el resuello furioso de tu nariz.

17Desde arriba alargó la mano y me agarró
y me sacó de las aguas caudalosas;
18me libró de enemigos poderosos,
de adversarios más fuertes que yo.
19Me asaltaban el día de mi desgracia,
pero el Señor fue mi apoyo.
20Me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba.

21El Señor me pagó mi rectitud,
retribuyó la pureza de mis manos,
22porque seguí los caminos del Señor
y no me alejé de mi Dios;
23porque tuve presentes sus mandatos
y jamás rechacé sus preceptos,
24mi conducta ante él ha sido irreprochable
guardándome de toda culpa.
25El Señor recompensó mi rectitud,
la pureza de mis manos ante sus ojos.

26Con el leal eres leal,
íntegro con el hombre íntegro,
27con el sincero eres sincero,
y sagaz con el astuto.
28Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos altaneros.

29Tú, Señor, enciendes mi lámpara,
Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.
30Contigo corro con brío,
con mi Dios asalto la muralla.
31El camino de Dios es perfecto,
la palabra del Señor es acrisolada,
escudo para los que se refugian en él.
32Porque, ¿quién es Dios fuera del Señor?
¿Quién es Roca fuera de nuestro Dios?

33El Dios que me ciñe de valor
y hace irreprochables mis caminos;
34me da pies ligeros como de cierva
y me asienta en sus alturas,
35adiestra mis manos para la guerra
y mis brazos para tensar el arco de bronce.
36Me prestaste tu escudo salvador,
tu derecha me sostuvo,
y tu triunfo me engrandeció.
37Ensanchaste el camino a mis pasos
y no flaquearon mis tobillos.
38Perseguí al enemigo hasta alcanzarlo
y no volví hasta haber acabado con él;
39los aplasté y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis pies.

40Me ceñiste de valor para la guerra,
doblegaste a mis agresores;
41pusiste en fuga a mis enemigos,
reduje al silencio a mis adversarios.
42Pedían auxilio, nadie los salvaba;
clamaban al Señor, no les respondía.
43Los trituré como polvo de la plaza,
los pisé como barro de la calle.

44Me libraste de las contiendas del pueblo,
me pusiste al frente de las naciones;
un pueblo extraño fue mi vasallo
45por mi fama se me sometían.
Los extranjeros me adulaban,
46los extranjeros se desmoralizaban
y abandonaban temblando sus refugios.

47¡Viva el Señor, bendita sea mi Roca!
¡Glorificado sea mi Dios y Salvador!
48El Dios que me dio el desquite
y me sometió los pueblos,
49que me libró del enemigo,
me levantó sobre los que resistían
y me libró del hombre violento.
50Por eso te daré gracias ante las naciones
y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre:
51Tú diste gran victoria a tu rey,
fuiste fiel con tu Ungido,
con David y su descendencia para siempre.

Notas:

La introducción hímnica del salmo (2-4) tiene su paralelo en la conclusión doxológica (47-50 –el versículo 51 ha sido añadido posteriormente–). La lamentación (5-7) desemboca en la liberación (17-20). Ante la teofanía, que es simultáneamente epifanía (8-16), el salmista hace protesta de su inocencia (21-28). La acción marcial se inicia con una antífona introductoria (29) y se desarrolla en tres actos: Dios y las armas (30-37), los enemigos (38-43) y los extranjeros (44-46). El amor visceral con el que se inicia el salmo: «Yo te amo...» (2) se expande en los posesivos que vienen a continuación (2s): reflejan un amor enamorado. Dios responde a ese amor: se muestra teofánicamente (8-16) para librar a aquel a quien ama (20). Existe una complicidad y complementariedad entre ambos amores. Porque Dios ama a quien le ama apasionadamente, lo libra de las aguas mortales (5-7.10-17), le enseña el arte de la guerra (33-36), le somete los pueblos (44-46)... Y el salmista prorrumpe en una acción de gracias ante todos los pueblos (47-50). El versículo añadido (51) permite aplicar este salmo al Ungido, a Cristo, triunfador de la muerte y del abismo. Rom 15,9 cita el versículo 50 del salmo. Quien ama enamoradamente no se cansa de acuñar nuevos epítetos para proclamar su amor. El Dios, así amado, «con-desciende» para estar con nosotros como Roca segura de nuestra existencia.