Salmo -6

6–Piedad de mí, Señor, que desfallezco

2Señor, no me reprendas airado,
no me castigues encolerizado.
3Piedad de mí, Señor, que estoy acabado,
sana, Señor, mis huesos dislocados.
4Estoy profundamente abatido
y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

5Vuélvete, Señor, salva mi vida,
ayúdame, por tu misericordia:
6En la muerte nadie te recuerda,
en el Abismo, ¿quién te dará gracias?

7Estoy agotado de gemir,
cada noche anego mi lecho,
y empapo la cama con mi llanto;
8mis ojos se nublan de pesar,
envejecen con tantas angustias.

9¡Apártense de mí, malhechores,
que el Señor ha escuchado mis sollozos,
10el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha acogido mi oración!
11¡Que se avergüencen
y enloquezcan mis enemigos,
retrocedan súbitamente abochornados!

 

Notas:

Ora en este salmo un enfermo. Los dolores físicos y las angustias interiores son mensajeros de la muerte. El cuerpo gime bajo el yugo del dolor y el espíritu está cerca de la locura: «¿hasta cuándo?» (4b). Es un dolor que no cesa ni aun de noche (7), mientras la luz de la vida huye de los ojos (8). Los enemigos añaden dolor al dolor (9a), y el orante sufre el máximo dolor, porque sospecha que Dios le es adverso, porque quien vive la muerte por adelantado se sabe pecador. Sólo Dios que impuso el castigo puede poner remedio, y evitar que el enfermo descienda al reino de la muerte (5s). Para la dolencia, sanación (3); para la culpa, gracia (10); y la derrota para los enemigos (11). La carta a los Hebreos menciona los gemidos y lágrimas de Jesús (Heb 5,7). Es éste un salmo apto para llorar los pecados.